Resulta interesante dar seguimiento a Albert Pujols, pues con motivo del lío “Canó-Bonifacio” ha habido la oportunidad de chequear más de cerca algunas facetas de su personalidad.-
Claro que hubo mucho chance el año pasado cuando dirigió al Escogido y fue doble campeón aquí y en la Serie del Caribe. Ese invierno fue de mucha presión para el futuro miembro del Salón de la Fama, y la razón era obvia: los Leones ganaron siempre viniendo de atrás, y una y otra vez sobrevivieron con las “7 vidas del gato”, aunque son leones, no Tigres. Su relación con la fanaticada roja no fue tan buena, al extremo de que, irónicamente, muchos lo calificaron un mánager “malo”.
Ayer lo escuché de nuevo hablando más de 30 minutos en el programa radial La Mañana Deportiva (que comanda el colega Satosky Terrero); amplió en sus conceptos, dejó claro que es parte de “un equipo” que conforma la selección dominicana para el Clásico Mundial, y aprovechó también para decirlo otra vez: “no he dicho nada que no sea verdad. Ustedes ven el roster de Dominicana”.
De esa forma, reitera su criterio de que Emilio Bonifacio ni Robinson Canó tienen cabida en el equipo, debido a la abundancia de calidad.
Pujols, que va a Cooperstown en las boletas del 2028 y debería ser electo unánime, está viviendo por vez primera en su país en su vida de adulto.- Dice su historia que su familia partió a Estados Unidos cuando era adolescente, y estudió y se desarrolló cerca de San Luis, Missouri.
RECUENTO
Dice su historia que se crió con una abuela en Santo Domingo, y partieron a Nueva York cuando tenía 16 años de edad (nació en 1980). De Nueva York pasaron a un pueblo llamado Independence, en Missouri; allí estudió y se hizo pelotero, y luego agotó un año en la Metropolitan Community College, haciendo un año universitario. Fue electo al draft por los Cardenales, y en su primera campaña en MLB, 2001, ganó el premio Novato del Año. Estuvo solamente un año en las menores, 2000, jugando clases A y AAA.



























