En mi columna de este miércoles 6 escribí sobre la forma en que se ingresa a ser socio de los Tigres del Licey, una entidad deportiva sin fines de lucro. Ofrecí detalles de que, por estatutos, Licey tiene una membresía límite de 250 personas; actualmente hay 220 y no hay planes de expandir más allá, de acuerdo a su presidente, Miguel Guerra.
Pero también aclaré dos puntos: 1ro. Que para ser socio del Licey el único requisito es solicitarlo por escrito a la directiva vigente para su ponderación. Y 2do. En caso de ser aceptado, no será necesario pagar un solo centavo. Solo es cuestión de “honra”, del honor de ser socio de dicho equipo, si es que alguien puede entender eso. Licey es una gran institución, igual que los demás clubes de la liga dominicana de béisbol.
Un trío de personas me preguntó al respecto: ¿qué se gana siendo socio del Licey?, ¿cuáles son los beneficios?, y entendí la pregunta. Porque, como ha evolucionado el mundo, mucha gente solo mira el beneficio del dinero; nunca se detienen a valorar la honra que significa contribuir con determinada institución.
Y un colega periodista me dijo que no creía para nada que los directivos azules no reciben salarios, porque no se comprende ni se acepta la versión de que dicha labor la hacen sin exigir remuneración. Ese es otro lado de la moneda.
Hace poco escribí que la directiva del club Naco, ni su presidente, reciben remuneración económica por su labor. Y así también funciona en el deporte olímpico: los directivos de las federaciones y del Comité Olímpico no tienen sueldos, aunque pudieran recibir pagos por gasolina, dieta y tickets aéreos cuando realizan actividades en el interior o el exterior.
(Eso incluye, y ocurre con frecuencia, que muchos dirigentes sustraen recursos de su organismo en forma irregular; son mañosos naturales. También está la posibilidad de que los directivos hagan negocios colaterales mediante tráfico de influencias o el uso de testaferros. Nada es perfecto en el universo de los humanos).
ACLARACIÓN DEL LICEY
Al respecto del Licey, pregunté a Miguel Guerra, el presidente del club, su opinión sobre estos cuestionamientos y me escribió lo siguiente:






























