SANTO DOMINGO.- Cuando decenas de fiscales y agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas irrumpieron simultáneamente en propiedades de Santiago y otras localidades del país en septiembre de 2021, la República Dominicana comenzó a conocer una estructura criminal que desde entonces lleva un nombre: Operación Falcón.
Documentos judiciales y comunicados oficiales del Departamento de Justicia de Estados Unidos reconstruidos por EL DÍA permiten establecer que las autoridades federales investigaban a integrantes de la misma organización en 2013, varios años después de que en República Dominicana se desmantelara la banda de José David Figueroa Agosto, por lo que se estima que heredó parte del negocio que llevaba el narco boricua y su red.
Las investigaciones del caso de 2013 en Puerto Rico y el de 2021 en República Dominicana sindican con cabecillas a Erick Randhiel Mosquea Polanco, señalado por las autoridades estadounidenses y dominicanas como uno de los principales dirigentes de la organización, y Juan José de la Cruz Morales, conocido como “Wandy”.
Ambos imputados fueron acusados formalmente por un gran jurado federal de Puerto Rico en octubre de 2016.
Según el expediente, Mosquea, Wandy y otros cuatro hombres conspiraban desde al menos enero de 2013 para introducir cocaína desde República Dominicana hacia Puerto Rico, territorio estadounidense.
La investigación terminó identificando una estructura que también sacava de Estados Unidos el dinero generado por las ventas de las drogas.
Por eso la acusación de 2016 incluyó una conspiración para lavar más de un millón de dólares procedentes del narcotráfico y una pretensión de decomiso de US$15 millones.
Una red dominicana con alcance internacional
El Departamento de Justicia define a Mosquea como líder de una organización internacional de tráfico de cocaína y lavado de dinero basada en República Dominicana. Eso coloca al país como centro de coordinación de una estructura cuya cadena operacional implicaba traer drogas desde Colombia y Venezuela a República Dominicana, para llevarla a Puerto Rico y desde allí enviarla a su destino final en Estados Unidos continental, especialmente New York y New Jersey.
El dinero fruto de la venta de la droga en Estados Unidos era retornado a República Dominicana con el que se procedía al pago a los carteles de Colombia y Venezuela, pero gran parte se lavaba en este país.































