La madrugada del viernes, un nuevo incidente volvió a colocar a Tiger Woods en el centro de la atención pública. El reconocido golfista, de 50 años, protagonizó un accidente vial en Jupiter Island, Florida, cuando su camioneta Range Rover terminó volcada tras intentar evitar una colisión. Según la información consignada en la declaración jurada de causa probable, obtenida por la policía y reportada por medios estadounidenses, Woods presentaba un estado físico y conductual que generó alarma entre los agentes presentes en el lugar.
La secuencia del accidente comenzó cuando Woods, al volante de su vehículo, viajaba por una carretera local y, de acuerdo a su propio testimonio, bajó la vista a su teléfono celular mientras manipulaba la radio del automóvil. En ese preciso instante, el camión que circulaba delante de su SUV redujo la velocidad, un detalle que Woods no advirtió a tiempo por estar distraído. En un intento por evitar el impacto, giró hacia el carril contrario, pero no logró esquivar completamente el obstáculo: rozó el remolque que era remolcado por una camioneta Ford F-150 y su vehículo terminó volcado sobre el costado del conductor.
Testigos y el propio conductor del camión implicado en el incidente intervinieron rápidamente para sacar a Woods del interior del vehículo. El golfista debió ser extraído por el lado del pasajero, mientras los primeros agentes de la Oficina del Sheriff del Condado de Martin llegaban a la escena. Las primeras observaciones policiales detallan un cuadro llamativo: Woods estaba “sudando profusamente”, un dato que resalta en la declaración jurada, especialmente porque el aire acondicionado del vehículo policial donde aguardaba estaba encendido.
En el primer contacto con los oficiales, el comportamiento de Tiger Woods llamó la atención. Los agentes detectaron signos evidentes de intoxicación: ojos “enrojecidos y vidriosos”, pupilas “extremadamente dilatadas” y movimientos descritos como “letárgicos y lentos”. No obstante, la declaración jurada señala que Woods se mostró “sumamente alerta y hablador” durante la interacción con las autoridades, condición que se mantendría a lo largo de la investigación preliminar. Su habla sufrió alteraciones perceptibles, fenómeno registrado de manera reiterada por los policías, quienes también notaron que Woods llevaba una media de compresión sobre la rodilla derecha y presentaba una lesión visible en la pierna.
Durante la revisión de rutina, los oficiales hallaron dos pastillas de hidrocodona, un opioide recetado, en el bolsillo izquierdo del pantalón de Woods. La presencia de este medicamento fue consignada en la declaración jurada como uno de los indicios relevantes del caso. Consultado por el consumo de sustancias, Woods negó haber ingerido alcohol ese día y señaló que suele tomar medicamentos recetados, confirmando que había consumido su medicamento esa misma mañana. El golfista no detalló en ese momento la naturaleza exacta de la medicación, aunque posteriormente se especificó el hallazgo de los comprimidos.


























