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viernes, septiembre 11

"Siento que tendría que haber muerto": la historia detrás de "La dama de polvo", una de las icónicas fotos del 11 de setiembre de 2001

 


Al momento de los atentados, Marcy Borders, que tenía entonces 28 años, acababa de ingresar hacía un mes a trabajar en las oficinas del Bank of América en el World Trade Center (WTC).


Sin saberlo y también sin quererlo, Marcy Borders se convirtió en la protagonista de una de las fotos más icónicas del 11 de setiembre de 2001. Y es que encarnó en primera persona buena parte de los sentimientos de aquel entonces: incertidumbre, caos y horror. Cuando se cumplen 25 años de lo ocurrido, repasamos la historia de esa imagen.


Al momento de los atentados, Marcy Borders, que tenía entonces 28 años, acababa de ingresar hacía un mes a trabajar en las oficinas del Bank of América en el World Trade Center (WTC).


Al desplomarse una de las torres, Borders se refugió en un edificio cercano, donde el fotógrafo de la AFP Stan Honda le tomó una inolvidable fotografía en la que aparece cubierta por una espesa capa de ceniza. 


La imagen rápidamente se hizo conocida a nivel mundial y se la pasó a identificar -tanto a la foto como a su protagonista- como "The Dust Lady" (La dama de polvo).


En la foto, el aire luce espeso y una consternada Borders aparece como un espectro en medio de una nube de polvo e iluminada por una inquietante luminosidad amarillenta.


Tras los atentados, Borders ingresó en una profunda depresión que incluyó abuso de drogas y alcohol, aunque logró recuperarse tras más de una década. Perdió su trabajo en el Bank of America, ignorando reiteradas ofertas para ser transferida. Pasaba la mayor parte del tiempo recluida en su departamento de dos ambientes en una de las zonas más pobres de Bayonne, ciudad de Nueva Jersey al otro lado del puente de Manhattan.


Algo dentro de ella murió aquel terrible día: "Todavía vivo con miedo. No puedo pensar en estar allí, en esos blancos, eso puentes, esos túneles, esas estaciones (de metro)", afirmó a la AFP con voz baja en una entrevista en marzo de 2012.


"El padre de mi hija se la llevó. No puedo ocuparme de mí, así que no puedo ocuparme de ella", confesó.


En el reportaje de aquel entonces, a una década de lo ocurrido, su heladera estaba vacía y su tele apagada. "Solía mirar mucho la televisión. Pero ahora tengo miedo de que lo que pasa en Jerusalén pase aquí. Toda esa violencia. Así que la dejo apagada", explicó.


En aquel momento Borders era ayudada por su madre para tener comida y decía que nadie la había contactado en los meses que siguieron los ataques, que dejaron un saldo de unos 3.000 muertos.


Ninguna organización la ayudó ni nadie le dijo que los sobrevivientes del 11-S podían contar con tratamientos psicológicos gratuitos. "Básicamente no hago nada. Me quedo en casa. Me siento segura adentro", dijo.


"Siento que tendría que haber muerto para que mi hija tuviese algo. A veces pienso que hay que ser la esposa de un bombero o policía para recibir dinero. Es tan deprimente. A veces estás listo para suicidarte", agregó.


Pocos años después de ese reportaje, la mujer fue diagnosticada con cáncer de estómago, una patología sobre la que Borders dio a entender que la exposición a sustancias químicas contaminantes emitidas por la caída de las Torres Gemelas tuvieron que ver. Finalmente, murió en agosto de 2015, a los 42 años.


En la semana que se cumplen 25 años de lo ocurrido, el actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, anunció la publicación de miles de documentos que muestran que tras el 11-S las autoridades no revelaron todo lo que sabían sobre la toxicidad del aire en la ciudad.


Con información de AFP