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lunes, junio 1

Respirar bien es la clave de la medicina del sueño

 


La medicina del sueño surge y se desarrolla a partir de la introducción del electroencefalograma hacia la década de 1930, gracias a los trabajos de Hans Berger. Este avance permitió, por primera vez, estudiar la actividad cerebral durante el sueño, por lo que en sus inicios esta disciplina fue ejercida casi exclusivamente por neurólogos y psiquiatras.


Para Jorge Álvarez, neumólogo y especialista en sueño de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), puntualiza que, en la actualidad, aunque la medicina del sueño conserva su carácter multidisciplinario, la alta prevalencia de los trastornos respiratorios ha consolidado al neumólogo como una de las figuras principales en su ejercicio clínico.


Sin embargo, fue entre las décadas de 1960 y 1970 cuando comenzó a perfilarse con mayor claridad la apnea obstructiva del sueño como una entidad clínica bien definida. En este proceso tuvo un papel determinante Christian Guilleminault, cuyos trabajos contribuyeron a delimitar su presentación clínica y a posicionarla como un problema de salud relevante.


Este trastorno, caracterizado por episodios repetidos de colapso de la vía aérea durante el sueño, marcó un verdadero punto de inflexión; pues su identificación exigía evaluar variables como el flujo aéreo, el esfuerzo ventilatorio y la oxigenación, aspectos estrechamente ligados a la fisiología respiratoria y, por tanto, al ámbito de la neumología.


El salto definitivo se produjo en la década de 1980 con la introducción de la terapia con presión positiva continua en la vía aérea (CPAP), que transformó de manera radical el abordaje de estos pacientes. A partir de ese momento, la participación de los neumólogos en los laboratorios de sueño dejó de ser complementaria para convertirse en central.


Práctica clínica

La medicina del sueño no sólo ha ganado espacio en la práctica clínica, sino que también se ha integrado de forma estructural en la mayoría de los programas de neumología y medicina crítica a nivel mundial. Tal es el caso de la Escuela de Neumología y Cuidados Críticos de Cedimat, donde forma parte esencial de la formación académica, en respuesta a la alta frecuencia de estos trastornos y su impacto en la salud en República Dominicana.


Cedimat cuenta con una escuela para los cuidados críticos.

La apnea del sueño no sólo afecta la calidad del descanso, sino que tiene consecuencias importantes sobre la salud general. Cada episodio de obstrucción de la vía aérea durante la noche provoca caídas en los niveles de oxígeno y microdespertares repetidos, lo que activa mecanismos de estrés en el organismo. Con el tiempo, estos cambios favorecen la aparición y el empeoramiento de diversas enfermedades.


En el ámbito cardiovascular, este trastorno se asocia estrechamente con la hipertensión arterial, especialmente aquella difícil de controlar. También incrementa el riesgo de arritmias, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca y eventos cerebrovasculares.


Estos efectos se deben, en parte, a la activación constante del sistema nervioso simpático y a la inflamación crónica que genera la fragmentación del sueño.

Por otro lado, en el plano metabólico, la apnea del sueño contribuye al desarrollo de resistencia a la insulina, facilitando la aparición de diabetes tipo 2.


Asimismo, se relaciona con el aumento de peso y la dificultad para controlarlo, creando un círculo vicioso en el que la obesidad y este trastorno se potencian mutuamente.


Consulta del sueño

La consulta de medicina del sueño tiene como objetivo principal identificar por qué una persona no está durmiendo bien y, sobre todo, si ese problema está relacionado con la respiración durante la noche.


A diferencia de otras consultas, aquí no sólo importa cómo se siente el paciente durante el día, sino también lo que ocurre mientras duerme.


El proceso comienza con una historia clínica detallada, donde se exploran síntomas como ronquidos, pausas respiratorias observadas, despertares frecuentes, sensación de asfixia nocturna o somnolencia excesiva en el día.


Estos datos permiten sospechar condiciones como la apnea del sueño, una de las más frecuentes. En muchos casos, se complementa la evaluación con estudios de sueño que registran variables como la respiración, el oxígeno y la actividad cerebral durante la noche.


Cuando el paciente utiliza terapia de presión positiva (CPAP, BPAP, entre otros), el seguimiento es una parte fundamental de la consulta. No se trata sólo de indicar el equipo, sino de asegurar que se esté utilizando correctamente. Se revisa el tiempo de uso, la adaptación a la mascarilla, posibles fugas de aire y la mejoría de los síntomas. Además, los equipos modernos permiten descargar información que ayuda a ajustar el tratamiento de forma individualizada.


Dormir mejor

Aunque muchos trastornos del sueño requieren evaluación médica, existen medidas sencillas que pueden mejorar la calidad del descanso. Mantener horarios regulares para dormir y despertar, evitar el uso de pantallas electrónicas antes de acostarse, reducir el consumo de cafeína en horas de la tarde y procurar un ambiente adecuado (oscuro, silencioso y fresco) son hábitos fundamentales.


Sin embargo, más allá de estas recomendaciones, es importante reconocer cuándo el problema no es sólo de hábitos. Roncar de forma habitual, presentar pausas en la respiración durante el sueño, despertarse con sensación de asfixia, o sentir somnolencia excesiva o cansancio durante el día no son situaciones normales y deben ser evaluadas.


Estos síntomas pueden estar relacionados con condiciones como la apnea del sueño, una condición que tiene tratamiento efectivo cuando se diagnostica a tiempo.


Diagnóstico


—Vivir con síntomas

Muchos pacientes viven años con síntomas sin saber que padecen una condición tratable, lo que retrasa el diagnóstico y favorece la aparición de otras complicaciones.


Consulta a tiempo

Consultar a tiempo puede cambiar por completo la evolución de muchos pacientes. No es raro ver en la práctica personas que han pasado años con cansancio persistente, asumiendo que era algo habitual o inevitable, y que experimentan una mejoría notable una vez se identifica y se trata la causa.


Dormir bien debería ser lo normal, no la excepción. Por eso, ante cualquier señal de alerta, es importante buscar atención médica y no normalizar el mal descanso.