Muchas veces creemos que nuestros males son tan graves que no existen ni se pueden encontrar fórmulas para salir de ellos de forma airosa; sin embargo, esa no es la realidad, dado que siempre hay maneras de vencer la iniquidad, aunque para lograrlo haya que realizar grandes sacrificios.
Muchas veces da la impresión de que estamos en una etapa donde una gran parte de la sociedad se ha doblegado de tal manera que, sin hacer ningún esfuerzo, echa por la borda sus principales objetivos.
Y así, lamentablemente, no se puede esperar que los santos bajen del cielo y que, como por arte de magia, solucionen los problemas más acuciantes que nos han puesto y que se perfilan que nos seguirán manteniendo de rodillas.
No se le puede seguir dando gabela a los pesimistas y derrotistas que están limitados por sus creencias catastróficas de que no se puede avanzar y sólo ver las cosas por el costado más desfavorable.
Esa práctica derrotista al paso del tiempo se ha estado infiltrando de manera exponencial en el ánimo de las pasadas y presentes generaciones, y es seguro que también dejará sus huellas en las que están por venir.
Lo que estamos presenciando en el mundillo del deporte, tanto local como internacionalmente, es una muestra de lo complejo que se hace hoy solucionar problemas que aparentan de muy poca monta.
La verdad es que si no somos capaces de romper de una vez por todas esos moldes que nos impiden avanzar por otros rumbos, simplemente estamos trillando el camino hacia el abismo.
Reitero que, en nuestro medio, existen entes en capacidad de intervenir y mejorar la situación, pero para ello tienen que intervenir personas con alta capacidad moral e intelectual.
