El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reactivado su interés en Groenlandia y sostiene que el territorio es relevante para la seguridad nacional estadounidense, en un contexto de creciente competencia geopolítica en el Ártico.
Durante su primer mandato, Trump planteó la posibilidad de adquirir Groenlandia, una iniciativa que entonces no avanzó, en los últimos meses, sin embargo, su entorno ha retomado el tema, mientras líderes europeos reiteraron esta semana que la isla es un territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca.
El argumento central de Trump es el valor estratégico de Groenlandia, el territorio ha sido históricamente un punto clave en el Atlántico Norte y mantiene una base militar estadounidense que forma parte de los sistemas de detección temprana de misiles; en escenarios de conflicto, el control de Groenlandia permitiría vigilar rutas marítimas esenciales entre América del Norte y Europa.
El deshielo progresivo en el Ártico ha incrementado el interés internacional en la región, al abrir nuevas rutas de navegación. Estados Unidos, China y Rusia han señalado la importancia de estos corredores marítimos, que reducen tiempos de transporte y amplían el acceso a zonas antes inaccesibles.
En la Segunda Guerra Mundial, dio su nombre al temido corredor oceánico conocido como la Brecha Aérea de Groenlandia, fuera del alcance de los aviones basados en tierra, que los submarinos nazis convirtieron en un campo de exterminio para los convoyes mercantes aliados.
En una nueva guerra, quien controle Groenlandia dominaría las vitales rutas marítimas del Atlántico.
























