Mucho revuelo en los medios y en los fanáticos ha provocado lo declarado por Vitelio Mejía sobre la no Serie del Caribe en el país, hasta tanto se construya un nuevo estadio. La razón expuesta es que eso deja pérdida aquí y no tiene razón de ser insistir en su presentación en suelo local.
Pregunté a ejecutivos de los Gigantes del Cibao su opinión al respecto y si habían tenido pérdidas cuando representaron al país en la Serie Caribeña del 2022, que fue un tremendo éxito deportivo y festivo en el Estadio Quisqueya Juan Marichal.
El presidente Alfredo Acebal Rizek, Virgilio Rojo y Rafael Almánzar respondieron en solidaridad con Vitelio, diciendo que cualquier equipo dominicano campeón asistente al clásico pierde dinero. También están de acuerdo en que no se juegue más aquí, a no ser que se levante un parque nuevo.
Muchos son los periodistas que opinan que Lidom no debe asumir ese tipo de posición y llevarse la Serie que toca al país hacia Miami solo por ganar dinero. Y yo reitero que aquí se puede obtener beneficios vendiendo bien el evento, y no me creo mucho eso de que hace cuatro años los libros quedaron en rojo.
¿Saben qué? La Serie del Caribe fue creada en su origen por equipos campeones de los países del área como cierre del béisbol invernal. En principio compitieron Cuba, Panamá, Puerto Rico y Venezuela. Hubo un cese a partir de 1960, cuando Fidel Castro prohibió el deporte profesional en Cuba y anuló el campeonato de allí. (Cuba había ganado 7 de 12 Series celebradas).
Luego, en 1970, se revivió el clásico con Dominicana, Puerto Rico y Venezuela, y México fue añadido a partir de 1971. En tiempos recientes se han invitado otros países, como parte de una actitud mercadológica de diversificación; hasta un club japonés estuvo el año antepasado.
El tema es que, si usted saca la serie de estos países y la lleva a un escenario económico extranjero, pierde bastante su identidad nacionalista por cada país. Porque la población con visa y poder económico para poder viajar al extranjero a ver el evento es corta. Sería un evento para la diáspora, aquellos latinos que viven en Estados Unidos, y más que todo en Florida; digamos que boricuas, dominicanos y venezolanos.
Es fácil entender que con ello se produce una especie de venta de la identidad de este evento, y todo por ganar más dinero. ¿O no es así?



































