La idea de transformar el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte en una instalación modelo para los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 ha venido acompañada de varias imágenes que ha indignado a muchos: árboles talados.
La preparación del país como sede del evento ha dejado, al menos hasta ahora, una factura ambiental difícil de ignorar. Lo que debía ser un proceso de renovación deportiva ha encendido las alarmas entre ambientalistas y ciudadanos que cuestionan el costo ecológico de esta transformación.
La Fundación Wiche García Saleta fue la primera en alzar la voz, denunciando que aproximadamente 300 árboles han sido cortados en el recinto, calificando la situación como una agresión directa a uno de los principales pulmones de la capital.
Aunque reconocen que en ciertos casos puede ser necesario intervenir zonas verdes, criticaron la falta de criterios técnicos visibles.
“Nosotros entendemos que, en un área boscosa como es este parque, se tenga que eliminar árboles enfermos y sustituirlos por árboles jóvenes, pero tumbar áreas boscosas completas es un acto dañino al parque y a sus usuarios”, dijo La fundación en un comunicado, en el que también advirtió que la restauración ambiental de estas zonas podría tomar más de dos décadas.
Pero la situación es incluso más grave, pues el ministro de Deportes y Recreación, Kelvin Cruz, dijo que supo de la tala de los árboles no de forma oficial, y luego de que estaba hecha.






















.webp)


