Pocas personas asocian la fibra con la salud cardiovascular. Sin embargo, este componente dietético, a menudo relegado a la categoría de “digestivo”, tiene un impacto directo y comprobado en el funcionamiento del corazón.
La fibra, sobre todo la soluble, ayuda a reducir el colesterol, estabiliza los niveles de glucosa en sangre y puede disminuir la presión arterial. Según explicó a Eating Well el cardiólogo Adedapo Iluyomade, de Miami Cardiac & Vascular, esta acción múltiple convierte a la fibra en uno de los nutrientes más poderosos —y subestimados— para prevenir enfermedades cardíacas.
A pesar de esto, el déficit de fibra en la dieta es generalizado. Iluyomade considera que esta carencia “es uno de los factores que, aunque discretos, impulsan la carga de enfermedades cardíacas”.
Un aliado inesperado contra el colesterol
La fibra no solo favorece la digestión. En el contexto cardiovascular,es especialmente relevante por su efecto sobre el colesterol LDL, comúnmente conocido como “colesterol malo”. Este tipo de fibra forma una sustancia similar a un gel que se une a los ácidos biliares en el intestino delgado.
“El hígado luego extrae el colesterol LDL de la circulación para producir nueva bilis, lo que reduce el LDL”, detalla Iluyomade. Este proceso convierte a la fibra soluble en una herramienta nutricional prioritaria para reducir el colesterol.
Las fuentes más estudiadas y eficaces de este tipo de fibra son la avena, la cebada y la cáscara de psyllium. También se encuentra en frutas como las manzanas y las peras, vegetales como el brócoli y la batata, y legumbres como los porotos y lentejas.
Control de la glucemia: la fibra como moderador metabólico
Más allá del colesterol, la fibra cumple una función importante en la regulación del azúcar en sangre. Después de las comidas, ayuda a ralentizar la absorción de los carbohidratos, evitando picos abruptos de glucosa. Iluyomade compara esta función con la de un “agente de tránsito para los carbohidratos”, que modera la velocidad con la que el azúcar de los alimentos entra al torrente sanguíneo.