Dice el presidente Luis Abinader que el montaje de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en el país este año marcha muy bien, y que todo saldrá a satisfacción. Yo le creo, aunque usted va al Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, observa los trabajos y se queda medio asustado.
Porque el Centro Olímpico parece una zona en desastre: se siguen haciendo cientos de trabajos y hasta la verja perimetral está siendo renovada, no se sabe por qué. Además, hace unos días el gobierno quitó al ministro de Vivienda, Carlos Bonilla, cuyo organismo tenía el dominio de todo lo que es construcción, pero ya no está. Ese ministerio ahora lo dirige Ito Bisonó, quien estaba en Industria y Comercio.
Las instalaciones estarán a tiempo, con sus defectos de siempre. ¿Y la villa, dónde será? La tendrán en la ciudad Juan Bosch, en la parte Este, que no está lejos de la ciudad. Me cuentan que el gobierno hizo un acuerdo con una constructora privada, que levanta apartamentos allí; le pagarán el alquiler de cientos de viviendas y, luego de los juegos, los propietarios del proyecto podrán ejecutar la venta.
¿Por qué digo País Rico? Porque ya este país presenta eventos internacionales sin ningún tipo de crisis económica, sin que la dirigencia deportiva tenga que hacer una campaña mediática “lagrimeando” apoyo o denunciando indiferencia. Al contrario, el presidente Abinader los convoca a Palacio Nacional, les brinda agua mineral, café especial, té exquisito y hasta sus galletitas… Les dice que no hay problema de dinero y todos salen felices.
No es como antes. En los Docejuegos los líos estuvieron siempre presentes, igual en Santiago 86 y también en los Panamericanos 2003, en un ambiente en que el presidente Hipólito Mejía tuvo que tomar la decisión de seguir adelante en medio de la crisis bancaria del Baninter.










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