Estoy quizás entre los muy pocos que proyectaron que los Padres de San Diego tenían toda la artillería necesaria para derrotar a los Cerveceros de Milwaukee en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional.
Sin embargo, quedaron cortos al caer por apenas una carrera de diferencia en tres de los cuatro enfrentamientos, excepto el último que se decidió por dos.
Lo más doloroso de esa serie para San Diego, lo constituyó la pobre ofensiva que en los últimos dos juegos fue de un anémico .145.
A pesar de que se proyectó que el cuerpo de lanzadores de los Padres no estaría a la altura de las circunstancias, eso rodó por el piso, debido a que su efectividad colectiva en la serie, estuvo en los límites de la decencia, un 2.83.
Eso fue producto de 11 carreras limpias, de 13 que permitieron, en 35 entradas.
Por su parte, el caso de los Yanquis fue sencillamente traumático y perturbador, poniendo al desnudo que carecían de los elementos necesarios para salir airosos ante los Rays de Tampa, que ahora se medirán al ganador entre los Medias Blancas y los Guardianes.
Precisamente, esa serie entre White Sox y Cleveland es posible que terminara anoche, con un triunfo de los primeros, pero en caso contrario, se tendría que jugar un partido decisivo.
Los Mulos fueron barridos, dejando un ambiente de frustración, quizá nunca antes vivido en las últimas décadas en Nueva York.
Entre los Dodgers y Atlanta siempre se proyectó un triunfo de los californianos, y así ocurrió, aunque en todo el trayecto de los cuatro partidos que realizaron se vivieron momentos interesantes.
Cualquiera de los equipos que logre su pase a la próxima etapa debe protagonizar una Serie Mundial de “espanto y brinco”
