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jueves, octubre 1

El bolsillo aprieta: por qué las tarjetas de crédito pierden dinamismo en RD

 


Santo Domingo.- Las tarjetas de crédito están perdiendo dinamismo en República Dominicana, pero el comportamiento no necesariamente significa que los consumidores hayan dejado de comprar o que el crédito bancario en general esté cayendo.


Los datos muestran una desaceleración específica de este instrumento, en un momento en que los hogares enfrentan precios más altos y, según el economista Juan Del Rosario, están actuando con mayor cautela.


La cartera de tarjetas de crédito personales alcanzó RD$125,429 millones a julio de 2026, pero su crecimiento interanual pasó de 17.2 % en julio de 2025 a apenas 2.1 % este año.


En términos reales, descontando el efecto de los precios, la Superintendencia de Bancos señala que el saldo presentó una contracción.


También disminuyó 1.3 % el número de tarjetas, hasta 3.57 millones, mientras la emisión de nuevos plásticos cayó 20.2 %, de 871,364 a 695,168. Sin embargo, el número de tarjetahabientes prácticamente se mantuvo estable, con 2.05 millones, un aumento de 0.2 %.


El dato adquiere otra dimensión cuando se observa que el crédito al sector privado en general crecía 9.1 % interanual al cierre de junio, según la Asociación de Bancos Múltiples.


Es decir, no se trata de una caída generalizada del financiamiento, sino de un menor dinamismo en las tarjetas.


El bolsillo comienza a pesar

Para Del Rosario, una de las explicaciones está en la pérdida de poder adquisitivo. La inflación interanual alcanzó 5.13% en agosto, de acuerdo con el Banco Central de la República Dominicana, mientras los mayores aumentos mensuales estuvieron relacionados, entre otros grupos, con alimentos, transporte y restaurantes y hoteles.


“Ciertamente se comienza a percibir en la economía un proceso de contracción del crédito”, explicó el economista.


A su juicio, el aumento de los precios reduce el margen que tienen las familias para asumir nuevos compromisos.


“Todo eso genera un efecto de contracción sobre el poder adquisitivo de la gente y hace que estos sean mucho más precavidos al momento de comprar bienes y servicios, sobre todo a través del financiamiento como son las tarjetas de crédito”, sostuvo.


En términos sencillos, si una persona mantiene el mismo ingreso, pero necesita gastar más para comprar los mismos productos y servicios, le queda menos dinero disponible para compras adicionales y para pagar deudas.


Del Rosario explica que muchas personas utilizan las tarjetas como una especie de financiamiento recurrente: compran durante el mes, pagan y vuelven a utilizar el plástico.


“Las personas adquieren bienes y servicios, se vence, se hace el corte del Estado, pagan y luego vuelven y reenganchan”, señaló.


Pero cuando los precios suben de manera sostenida, mantener ese ciclo requiere una mayor capacidad de pago.


“Con un proceso de inflación en donde los precios van aumentando cada mes, ¿qué le está pasando? Que la capacidad de financiar, de pagar para financiarse también se va reduciendo”, afirmó.


El consumidor calcula más

Ese cambio en el bolsillo puede traducirse en una decisión sencilla: comprar menos o evitar financiar determinados gastos.


“Eso hace que uno sea mucho más precavido al momento de utilizar un financiamiento tan costoso como es el de la tarjeta de crédito”, dijo Del Rosario.


El economista también llamó la atención sobre el costo de mantener una deuda financiada con este instrumento.


“Recuérdate que la tasa de interés anual supera el 60% y eso no lo resiste ninguna economía”, afirmó a El Día.


La observación se refiere al financiamiento de saldos pendientes y no al simple uso de la tarjeta como medio de pago.


A la presión de los precios se suma, según Del Rosario, el aumento del gasto en combustibles.


“Todo eso se hace un poco más crítico en tanto que la gente está dejando de salir”, explicó.


Una persona que reduce sus desplazamientos no solamente gasta menos en gasolina. También puede dejar de consumir en restaurantes, cafeterías o establecimientos de entretenimiento.


“Otros consumos que son colaterales a una salida, como es un café, como es un helado, como es una pizza, como es una cena, pues también se reduzcan”, sostuvo.


Ese comportamiento forma parte de lo que los economistas denominan consumo discrecional: gastos que pueden posponerse cuando el presupuesto familiar se encuentra más ajustado.


No necesariamente es volver al efectivo

Del Rosario también descarta que un menor uso del crédito mediante tarjetas signifique que los consumidores estén regresando al efectivo.


“Eso te quiere decir que la contracción en el crédito de las tarjetas de crédito no está respondiendo a que la gente está prefiriendo hacer sus gastos en efectivo. No es cierto”, afirmó.


Su interpretación es que existe una pérdida de capacidad de compra acompañada de un comportamiento precautorio.


“Eso responde a una pérdida de la capacidad de compra que van teniendo mucha gente y al efecto de precaución que John Maynard Keynes muy bien explicaba”, sostuvo.


La Superintendencia de Bancos, sin embargo, ofrece otra pieza para entender el fenómeno: atribuye parte de la desaceleración a que las tarjetas estarían entrando en la etapa final de un ciclo crediticio luego de la expansión registrada en 2024.


Además, la entidad informó que los indicadores de morosidad mejoraron y que no observa un patrón de sobreendeudamiento sistémico de los hogares.


Por ahora, los datos apuntan a una combinación de factores: una cartera de tarjetas que crece mucho más lentamente, precios que siguen aumentando y consumidores que, según Del Rosario, están midiendo con mayor cuidado cuánto consumen y cuánto están dispuestos a financiar.


El comportamiento de los próximos meses, especialmente durante la temporada navideña, permitirá observar si esta cautela es temporal o si representa un cambio más prolongado en la manera en que los hogares utilizan el crédito para consumir.


ELDIA