Decir ‘’lo siento’’ es una respuesta necesaria cuando se ha causado daño o cometido una equivocación. Sin embargo, utilizar estas palabras de manera automática en situaciones que no requieren una disculpa puede convertirse en un hábito capaz de influir en la manera en que una persona se percibe a sí misma y es vista por los demás.
Una reunión previamente acordada, pedir ayuda dentro de las responsabilidades laborales o incluso reaccionar ante un accidente provocado por otra persona pueden desencadenar disculpas innecesarias en quienes han incorporado esta conducta a su forma cotidiana de comunicarse.
La profesora de Comportamiento Humano en Hunter College, Melody Wilding, sostiene que pedir perdón repetidamente puede funcionar como un reflejo adquirido. La especialista ha advertido que este comportamiento puede perjudicar el desempeño laboral, restar valor a las propias palabras y estar relacionado con una búsqueda constante de validación externa.
¿Por qué algunas personas se disculpan constantemente?
Una de las explicaciones puede encontrarse en experiencias adquiridas durante la infancia. De acuerdo con Wilding, algunas personas crecen relacionando la amabilidad y la cortesía con la necesidad de agradar y conseguir la aceptación de quienes las rodean.
Ese patrón puede mantenerse durante la vida adulta y trasladarse a diferentes escenarios, incluido el trabajo. El problema surge cuando las opiniones y reacciones de otras personas comienzan a tener mayor peso que el criterio propio.
Otro factor es el rechazo a los conflictos. Pedir perdón puede convertirse en una estrategia para intentar terminar rápidamente una discusión o evitar que una situación incómoda empeore, incluso cuando la persona no tiene responsabilidad sobre lo sucedido.
De esta forma, alguien puede asumir culpas que no le corresponden con el propósito de conservar la tranquilidad, pero sin solucionar realmente la causa del problema.
El impacto de las disculpas excesivas
En el ámbito profesional, disculparse de manera constante puede proyectar inseguridad o dudas sobre las propias capacidades, especialmente cuando ocurre antes de expresar una opinión, realizar una solicitud legítima o cumplir una tarea que forma parte de las responsabilidades habituales.
La repetición también puede restarle significado a una disculpa. Cuando el ‘’lo siento’’ aparece continuamente y sin una razón concreta, la expresión puede terminar percibiéndose como automática y perder la importancia que debería tener cuando realmente se ha cometido una falta.
Además, la conducta puede provocar desequilibrios en las relaciones laborales cuando una de las partes asume constantemente la responsabilidad y se disculpa frente a los demás.
La búsqueda de aprobación también puede alimentar este comportamiento. En algunos casos, detrás de una disculpa puede existir la expectativa de recibir una respuesta tranquilizadora que confirme que todo está bien o que la persona actuó correctamente.
Tres pasos para cambiar el hábito
Para comenzar a modificar esta conducta, Wilding plantea primero identificar su posible origen. Analizar las experiencias de la infancia, la manera en que se manejaban los desacuerdos dentro de la familia y si existía libertad para expresar opiniones puede ayudar a comprender por qué la disculpa se convirtió en una respuesta automática.
El segundo paso consiste en reconocer qué situaciones activan ese comportamiento. Determinadas personas, momentos de estrés, ambientes laborales o conversaciones difíciles pueden aumentar la necesidad de disculparse.
Una vez identificados esos escenarios, el tercer paso es sustituir las disculpas innecesarias por expresiones más claras y directas.
Esto no significa dejar de pedir perdón. La diferencia está en reservar las disculpas para aquellas situaciones en las que realmente existe una responsabilidad, un daño o una ofensa.
¿Cuándo sí es necesario pedir perdón?
Una disculpa adquiere importancia cuando existe un motivo real para ofrecerla. Harvard Health Publishing señala que una disculpa efectiva debe ser sincera, reconocer que otra persona resultó afectada y asumir responsabilidad por el daño causado.
El psiquiatra Aaron Lazare, quien fue rector y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts, identificó cuatro aspectos importantes en una disculpa: reconocer la ofensa, explicar lo sucedido sin utilizar la explicación como excusa, expresar arrepentimiento y ofrecer una forma de reparación.
Así, pedir perdón no representa en sí mismo un problema. La diferencia se encuentra entre reconocer sinceramente una equivocación y utilizar las disculpas como respuesta automática ante situaciones en las que no existe una responsabilidad personal.
AGENCIAS
