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AHORA MAS GRANDE Y AL MISMO PRECIO DE UNA PEQUEÑA

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martes, septiembre 15

Otra estafa de Marketplace que enfrentó al dueño de un camión con el comprador y dejó a uno sin dinero y al otro sin vehículo

 


SANTO DOMINGO.- La publicación de la venta de un camión en Marketplace, de Facebook, por debajo de su precio terminó convirtiéndose para Deivi de León en una pesadilla que todavía le genera temor.


Lo que parecía una venta rápida terminó en una estafa en la que un supuesto intermediario logró engañar al vendedor y al comprador, enfrentándolos entre sí mientras él desaparecía con el dinero.


Deivi había comprado el camión en la mina Barrick Gold y, después de pintarlo, decidió venderlo. Su precio original era de 1,550,000 pesos, pero lo colocó en Marketplace por 1,300,000 para facilitar la negociación.


Fue entonces cuando apareció un hombre que se identificó como interesado en ayudarlo a venderlo en Azua.


“Tú estás vendiendo ese camión barato, hermano. Yo te lo puedo vender aquí en Azua”, le escribió.


Deivi aceptó. El desconocido le aseguró que enviaría a dos personas para comprarlo y le pidió incluso que retirara la publicación de Facebook porque él lo ofrecería a un precio superior.


Ese fue, según Deivi, el primero de varios errores.


Sin conocer personalmente al supuesto intermediario, le envió inicialmente la ubicación de su vivienda y luego la del lugar donde tendría el camión. El hombre lo mantuvo confiado con mensajes y hasta le envió una ubicación en tiempo real, simulando que se dirigía hacia donde estaba el vehículo. Pero no llegó.


Le dijo que había tenido que devolverse y que el negocio tendría que esperar hasta el día siguiente.


Ese sábado aparecieron finalmente dos hombres. Dijeron que habían sido enviados por “Rubio”, nombre por el que conocían al supuesto vendedor, para revisar el camión. Lo probaron, lo inspeccionaron y, después de unos minutos, dijeron que no les interesaba.


Deivi volvió a contactar al supuesto intermediario para informarle que iba a publicar nuevamente el vehículo.


La respuesta que recibió fue parte del engaño.


El hombre le aseguró que los compradores no habían quedado convencidos porque Deivi no les había transmitido suficiente confianza. Le pidió que les dijera que ambos eran “como hermanos” y que el camión estaba en perfectas condiciones.


Los compradores regresaron aproximadamente una hora después. Esta vez aceptaron comprarlo.


El supuesto intermediario le indicó entonces a Deivi que preparara el acto de venta y colocara 600,000 pesos como valor de la operación. Según le explicó, eso facilitaría el proceso relacionado con el pago de impuestos a la Dirección General de Impuestos Internos por el traspaso.


Deivi preparó el documento y envió al desconocido fotografías del acto de venta, la matrícula, los documentos del propietario y su cédula.


Después llegó la solicitud de su número de cuenta bancaria. Poco después recibió una imagen que parecía ser un comprobante de transferencia por 1,300,000 pesos.


Deivi creyó que el dinero había sido enviado.


“Ya me transfirió”, les dijo a los compradores mientras les entregaba las llaves y los documentos del camión.


Pero antes de dejarlos marcharse decidió revisar su cuenta.


No había un solo peso.


El supuesto intermediario intentó tranquilizarlo.


“Entrega el camión, que eso te cae como en cinco minutos”, le respondió.


Deivi se negó.


Fue entonces cuando el engaño quedó al descubierto.


En la confianza está el peligro

Uno de los compradores le preguntó cómo era posible que él no conociera al hombre que supuestamente había enviado la negociación si minutos antes les había asegurado que eran como hermanos.


Los compradores también tenían un comprobante de transferencia. Pero la transferencia no había sido hecha a Deivi.


El dinero fue a la cuenta del engañador

Habían enviado 600,000 pesos a la cuenta indicada por el supuesto estafador.


El comprador llamó incluso a un familiar que había realizado la transferencia. Este confirmó que habían pagado el camión y mostró el comprobante. El problema era que el documento de venta establecía un precio de 600,000 pesos, mientras Deivi había anunciado el vehículo por 1,300,000.


El supuesto intermediario había conseguido que las dos partes creyeran que estaban negociando directamente con la otra.


Según relata Deivi, cuando finalmente confrontaron al supuesto intermediario, este llegó a admitir que era un delincuente y les dijo que acudieran a la Policía si querían.


La estafa detrás de la negociación


El mecanismo había sido sencillo, pero efectivo.


El estafador nunca necesitó estar físicamente presente. Contactó a Deivi como supuesto intermediario y, por separado, convenció a los compradores de que estaban tratando con el propietario del camión.


A cada parte le proporcionaba la información necesaria para mantener la operación en marcha, mientras evitaba que vendedor y compradores conversaran directamente sobre las condiciones que cada uno había acordado con él.


La estrategia también incluyó pedir documentos personales, fotografías y datos bancarios, además de generar confianza con explicaciones sobre el precio y el supuesto proceso de venta.


Cuando Deivi descubrió que no había recibido el dinero, los compradores ya habían transferido los 600,000 pesos a la cuenta indicada por el supuesto estafador.


Ellos creían haber comprado legítimamente el camión. Pero Deivi no había recibido el pago.


La situación terminó en una dependencia policial, donde los compradores insistían en que el vehículo les pertenecía porque habían pagado. Sin embargo, al revisar los documentos, las autoridades determinaron que la propiedad seguía correspondiendo a Deivi.


Posteriormente, el caso llegó a la Fiscalía y al departamento encargado de delitos de alta tecnología.


Según el relato de Deivi, durante la investigación una fiscal pudo establecer que existían otras querellas relacionadas con el mismo individuo y otras supuestas ventas de vehículos.


La fiscal también explicó a los compradores que habían caído en una modalidad de estafa y cuestionó que no hubieran reclamado inmediatamente la transferencia ante el banco.


De acuerdo con la explicación ofrecida por Deivi a EL DÍA, los 600,000 pesos habían llegado a la cuenta indicada por el supuesto estafador, pero todavía no habían sido retirados cuando se produjo la denuncia. Sin embargo, cuando finalmente intentaron actuar, el dinero ya había sido retirado.


Una modalidad que se repite


El caso de Deivi forma parte de las estafas que se producen en plataformas de compraventa por internet, especialmente en Marketplace.


Muchos de estos casos solo llegan a conocerse cuando las víctimas los hacen públicos en redes sociales o cuando el engaño termina en una confrontación física.


Uno de los episodios más graves vinculados a una transacción iniciada a través de Marketplace fue el de Emmanuel Contreras Medina, quien resultó gravemente herido cuando acudió a comprar un teléfono celular y posteriormente falleció tras recibir golpes con un bate en la cabeza.


El caso encendió las alertas sobre los riesgos que pueden esconderse detrás de negociaciones aparentemente normales iniciadas a través de plataformas digitales.


En el caso de Deivi, el engaño convirtió a las dos víctimas en adversarios dentro de una instancia judicial.


El vendedor pensaba que los compradores podían estar intentando quedarse con su camión sin pagarle. Los compradores, a su vez, entendían que habían entregado su dinero y que Deivi intentaba quedarse con el vehículo pese a que ellos habían pagado.


Mientras ambos discutían, el verdadero responsable permanecía fuera de escena.


“Nunca haga negocios en su casa”


Después de la experiencia, Deivi asegura que una de las principales enseñanzas que recibió de las autoridades fue no utilizar su vivienda ni su lugar de trabajo como punto de encuentro para este tipo de transacciones.


La recomendación que recibió fue realizar las operaciones en lugares públicos y llevar el dinero directamente a una entidad bancaria.


Para Deivi, el error más grave fue haber compartido inicialmente su ubicación personal con una persona que no conocía.


Han pasado alrededor de tres meses desde el incidente y asegura que no ha vuelto a tener contacto con los compradores ni con el supuesto estafador. Sin embargo, admite que todavía siente temor porque quienes participaron en la negociación conocen dónde vive y dónde trabaja.