La reciente columna del fundador de Meta*, Mark Zuckerberg, ha reavivado el debate sobre la necesidad de regular la inteligencia artificial para evitar que una tecnología clave del futuro quede bajo el control de un reducido grupo de corporaciones estadounidenses.
Cada vez más países aprueban leyes para regular el desarrollo de la IA, mientras crece la preocupación entre los analistas de que esta revolución tecnológica, lejos de beneficiar a toda la sociedad, termine profundizando las desigualdades.
¿Para todos o para unos pocos?
En el texto, titulado 'El futuro de la IA es para todos', el fundador de Facebook propone una filosofía basada en "el empoderamiento individual como fuente de prosperidad, la innovación como propósito principal de la superinteligencia y el equilibrio de poder como base de la seguridad".
"Pero si la superinteligencia está ampliamente distribuida, entonces creo que veremos más empleos en el futuro, no menos. Será significativamente más fácil crear empresas sin levantar grandes cantidades de capital", sostiene Zuckerberg.
Sin embargo, Financial Times discrepa de esta visión. En un reciente análisis, el medio indica que los desarrolladores de inteligencia artificial son incapaces de satisfacer una demanda que continúa creciendo a gran velocidad. Para aliviar la presión sobre su infraestructura, muchas compañías se ven obligadas a elevar el precio de sus servicios, filtrando así los usos menos rentables o de menor valor económico, que siguen siendo numerosos.
Según el diario británico, esta dinámica podría mantenerse durante largo tiempo. A medida que aumente la capacidad de cómputo, surgirán modelos cada vez más potentes, pero cualquier reducción del coste de utilizar la IA abrirá casi de inmediato nuevas aplicaciones económicamente viables, impulsando de nuevo la demanda.
El periódico compara este proceso con la Revolución Industrial. En aquel entonces, las nuevas tecnologías multiplicaron la productividad, pero aprovechar plenamente ese potencial exigía enormes inversiones de capital.
Los beneficios se reinvertían de forma constante en nuevas infraestructuras y tecnologías, acelerando el crecimiento económico, aunque concentrando la riqueza en manos de los propietarios del capital.
Esa dinámica dio origen a la llamada pausa de Engels: durante décadas, pese al rápido crecimiento industrial y al aumento de la riqueza nacional, la mayor parte de los beneficios quedó en manos de los dueños del capital, mientras los salarios apenas mejoraban.
Indian Prime Minister's Office / AP
Según FT, un fenómeno similar podría repetirse ahora con la inteligencia artificial.
Los Estados apuestan por la regulación
Los países que carecen de modelos propios y de infraestructura informática dependen cada vez más de las grandes empresas tecnológicas occidentales. Poco a poco, estas compañías no solo controlan los datos de millones de usuarios, sino también la infraestructura digital sobre la que se construirá el desarrollo tecnológico de numerosos Estados.
Ante este escenario, cada vez más gobiernos impulsan normas para regular la inteligencia artificial, preocupados por una dependencia excesiva de un reducido grupo de empresas propietarias de los modelos lingüísticos más avanzados.
Imagen ilustrativa
Putin firma una ley que regula la IA en Rusia: ¿qué estipula?
Uno de los primeros marcos regulatorios fue la Ley de IA de la Unión Europea, aprobada en 2024. La legislación clasifica los sistemas de IA en cuatro niveles de riesgo —mínimo, limitado, alto e inaceptable— y establece obligaciones cada vez más estrictas a medida que aumenta el riesgo para la seguridad, la salud y los derechos fundamentales.
En julio de este año, Rusia también aprobó una ley específica sobre inteligencia artificial. El texto regula el desarrollo, implementación y uso de los grandes modelos fundacionales e introduce dos categorías: modelos soberanos y modelos nacionales.
Putin firma una ley que regula la IA en Rusia: ¿qué estipula?
Se considerará soberano aquel modelo desarrollado por una entidad jurídica rusa, controlado íntegramente por ella durante todo su ciclo de vida, técnicamente reproducible y alojado en centros de datos ubicados en Rusia. Los modelos nacionales también deberán ser desarrollados por empresas rusas, aunque podrán incorporar componentes extranjeros distribuidos bajo licencias abiertas. Sus desarrolladores tendrán acceso a diversas formas de apoyo estatal, incluidas ayudas financieras, patrimoniales, de garantía e informativas.
RT
