El béisbol suele regalar guiones inverosímiles, pero lo vivido por el dominicano Joshua Báez en Wrigley Field supera la ficción. El joven jardinero de los Cardenales de San Luis no solo firmó el debut más deslumbrante en la historia de las Grandes Ligas al conectar tres jonrones en su primer partido, sino que lo hizo vistiendo calzado prestado.
Esas mismas zapatillas ahora tienen un destino sagrado: el Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown.
La historia comenzó el sábado en el vestidor visitante. Báez, el tercer mejor prospecto de la organización, llegó a su esperado estreno en Las Mayores con unos tacos sucios y guantes blancos. Al notarlo, su compañero Bryan Torres intervino de inmediato bajo una premisa clara: "Si te ves bien, te sientes bien, juegas bien". La urgencia por conseguir una vestimenta roja a la altura de la ocasión desató la búsqueda de unos tacos talla 12.
Torres encontró un par impoluto en el casillero del prospecto Blaze Jordan. Entre un cinturón rojo cedido por los preparadores físicos y guantes prestados por el infielder dominicano José Fermín, armaron el uniforme del debutante. Cuando Jordan se enteró del préstamo improvisado, no dudó en regalarle el calzado a Báez.
Lo que siguió fue pura magia beisbolera. En el primer pitcheo que vio en Grandes Ligas, Báez envió una recta a 449 pies al jardín central. Volvió a desaparecer la pelota en la tercera entrada y repitió la dosis en la sexta, convirtiéndose en el primer jugador en la historia de la MLB en disparar tres cuadrangulares en sus primeros tres turnos al bate en su debut.
Para el domingo por la tarde, se confirmó que las zapatillas serían donadas al museo de Cooperstown para inmortalizar la hazaña.
Contento con la colaboración
El detalle anecdótico es que el calzado lleva grabado el nombre "Jordan" en su interior. Lejos de molestarse por perder un par de tacos en perfecto estado, Blaze Jordan celebró la coincidencia con humor: "Es genial, porque las botas tienen mi nombre por dentro. Así puedo poner mi nombre en el Salón de la Fama gracias a Báez. Espero que no lo quiten".
En menos de 48 horas, entre casi 30 familiares festejando en las tribunas, muy pocas horas de sueño y la recuperación de las pelotas de sus primeros dos batazos, Báez escribió una página dorada en el béisbol y metió al Salón de la Fama unas zapatillas que ni siquiera eran suyas.
Según Báez, las pelotas de sus dos primeros jonrones ya fueron recuperadas y las llevará a su casa, aunque la tercera seguía desaparecida hasta el domingo por la mañana. Apenas ha tenido tiempo de asimilar todo lo demás.
"No he dormido mucho en las últimas 48 horas", dijo Báez. "Simplemente lo estoy disfrutando".
AGENCIAS
