Las caídas ofensivas que reportan los dominicanos José Ramírez, de Cleveland, y Vladimir Guerrero Jr., de Toronto, alcanzan niveles jamás esperados. Desde mi punto de vista, la baja de Ramírez se ha extendido, debido al mal manejo que le ha dado a su lesión en la mano izquierda.
El dominicano se arriesga, de manera innecesaria, a jugar sin estar al 100%, incluso en una decisión que podría afectar su carrera en el futuro. No hay que ser un científico de la Nasa para darse cuenta que la recuperación de esa cirugía por la fractura del hueso ganchoso en la mano izquierda no sanaba en apenas cinco semanas. Otra decisión muy errónea de Ramírez fue entrar a jugar sin agotar el proceso de rehabilitación en las ligas menores. ¡Al parecer se cree un súper-héroe!
Las estadísticas acumuladas, desde su regreso el pasado 22 de julio, evidencian que Ramírez no está bien. En 67 turnos apenas ha conectado un extrabase (un doble) y cinco remolcadas en 20 partidos. En los ocho juegos de julio apenas bateó para .212 (33-7), sin extrabases. En los 12 juegos de agosto batea .235 (34-8).
En el caso de Guerrero Jr., la situación es distinta. Analizando sus turnos se puede concluir que este año realizó cambios a su mecánica de batear, que no le han hecho nada bien.
Si observamos los últimos dos jonrones de Guerrero Jr., ambos han sido con pitcheos en la zona baja y adentro, y en estos casos ese swing ha salido como un machetezo invertido.
Guerrero Jr. no tiene la misma extensión de los brazos ni el movimiento de la cintura al batear del pasado, está trancado. No quisiera pensar que a su tío Wilton Guerrero le volvieron a quitar la responsabilidad de corregirlo.
Ayer se cumplió un año del último jonrón en vuelta regular de Guerrero Jr. en su casa del Rogers Centre. Tiene 333 apariciones al plato sin sacarla desde que envió la pelota por encima de la barda del jardín izquierdo contra los Rangers.

