Ayer celebramos el Día del Médico Dominicano, una fecha merecida, pero que debería reservarse para aquellos galenos que, además de su preparación profesional, se distinguen por sensibilidad humana y un ejercicio de respeto y credibilidad. Como en muchas profesiones, la calidad del médico sobresale por sus atributos personales. Sin embargo, en nuestro país persiste la costumbre de aplaudir por igual a quienes honran la bata y a quienes la usan sin vocación. La medicina no es solo técnica; es ética, empatía y responsabilidad pública. Celebrar al buen médico implica también exigir instituciones que premien la excelencia y no la inercia. Hónrese al buen médico que primero quiere ser buena persona.
