Luego de que la procuradora Yeni Berenice Reynoso proclamara que ya no es el mejor tiempo para los corruptos por las severas penas contempladas en el nuevo Código Penal, resta ver si en la práctica se logre ese efecto disuasivo. La experiencia indica que cuando la ambición es desmedida y se carece de escrúpulos y de principios, el corrupto se la juega a ver qué pasa. Como no siempre recibe una condena ejemplarizadora, eso incentiva a otros a arriesgarse. Los interminables procesos anticorrupción no han sido hasta ahora una buena señal. La normativa, además, tiene aún por delante una dura prueba. Hay muchos cuestionamientos desde diferentes ámbitos y los ajustes pendientes tomarán tiempo.
