El parto natural y la lactancia materna son los dos actos más primarios y poderosos de la salud humana. Siembran la microbiota que moldea el cerebro y la inmunidad que protege la vida. En nuestro país hemos decidido ignorar ambos pilares. Lideramos el ranking global de cesáreas y, como resaltó ayer El Caribe, apenas dos de cada diez bebés reciben exclusivamente leche materna en sus primeros seis meses. En esto hemos mejorado -pasamos de 4.7 % en 2014 a 19.2 % en 2025-, pero seguimos lejos del 50 % recomendado por OMS, o el promedio regional (47%). Las consecuencias de tantas cesáreas y escasa lactancia natural son más enfermedades, más vulnerabilidad, menos futuro. Pero igualmente lo soslayamos.
