La tragedia vuelve a estremecer a nuestra región. A poco más de un mes del terremoto en Venezuela, Colombia enfrenta ahora un sismo devastador que deja al menos 169 fallecidos, y comunidades enteras en duelo. Ante desastres naturales, males propios de la dinámica viva del planeta, no hay culpables. Lo que sí existe es la responsabilidad humana de mitigación de dolor y sufrimiento. Estos momentos exigen solidaridad, empatía, acción humanitaria concreta. El Gobierno dominicano ha habilitado un centro de acopio para apoyar a Colombia, y el llamado a colaborar es urgente. Frente a la fuerza impredecible de la naturaleza, nuestra respuesta debe ser compromiso firme de servicio y socorro al semejante.
