La reforma policial, tan cacareada como publicitada, con costos multimillonarios y pretendidos logros, hasta ahora luce un fiasco. Las actuaciones fuera de lugar de miembros y patrullas, que deben estar para vigilar y proteger a la población, desbordan en muchas ocasiones lo que se denomina una buena administración del uso de la fuerza en incidentes con civiles; lo que ha pasado -otra vez- en Herrera con la muerte a tiros del jovencito Darlin Mercado Reyes a manos de un agente policial. Situaciones que pueden resolverse sin mayores consecuencias terminan en hechos trágicos. Hay que revisar la selección de los nuevos agentes y el entrenamiento que reciben, además de realizar evaluaciones psicológicas a fondo.
