El país parece vivir en una secuencia eterna de hechos y anuncios que generan conflictividad económica y social. Mientras persisten quejas y reclamos sobre el más reciente ajuste fiscal, estamos a las puertas de otro embrollo. Esta vez, por la advertencia de que para comprar combustible en las estaciones se requerirá dinero en efectivo exclusivamente. Todo viene por el aumento en el costo de las transferencias bancarias cuando se paga con tarjetas de crédito, lo que los distribuidores rechazan asumir. Realmente se tiene a la población en permanente sobresalto. Somos afortunados de no tener un desastre natural como el actual en Venezuela. Pero no escapamos a otros sacudiones -diarios- no telúricos.
