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jueves, julio 23

Cuando no lloras: ¿Sabes reconocer la depresión?

 


Santo Domingo, RD


Muchos tienen una imagen equivocada de la depresión: se piensa en alguien que llora todo el día, que colapsa de forma visible. Quienes la han vivido cuentan otra historia.


 “Yo siempre pude levantarme. Lo que sentía era una desesperanza bien adentro, y entendía que así era mi vida.” Un paciente me la describió como una camisa de fuerza que aprieta y deja casi sin respirar. Otro, como una incapacidad para enfrentarse a la vida, literalmente. No hay drama visible. Sólo un vacío que muchos cargan durante años y terminan normalizando.


El cuerpo también se apaga. El tacto se embota, la sensación desaparece. “Te quemas cocinando y te das cuenta porque te ves la quemada”. En otros casos, la depresión duele físicamente. Lo hace en el pecho, en la cabeza, en las entrañas. No es metáfora. Es un déficit de vida que el cuerpo registra con la misma honestidad que cualquier otra enfermedad.


Desde afuera parece que no pasa nada. Desde adentro, hace falta un esfuerzo enorme para afrontar el día: limpiar, bañarse o llevar un hijo al colegio. 


“Antes de hacer cualquier cosa, lo primero era superar la inercia. Ponerme en movimiento era el mayor obstáculo.” Un esfuerzo real que no se percibe. Mientras tanto, la persona va desapareciendo de su propia vida. “Dejas de hablar, dejas de cuidarte, dejas de salir.” No hubo un momento dramático. Solo una vida que se fue achicando.


Totalmente funcional

Hay quienes siguen funcionando con todo ese peso a cuestas. Sonríen, cumplen, aparecen... “Tenía que engañar al mundo, porque no me podía permitir rendirme”. Y cuando alguien dice “tienes que estar bien”, el efecto es devastador. Sientes frustración, culpa, impotencia. 


Hay un punto en que ese peso se vuelve insostenible, y cuando aparece el pensamiento de no querer seguir, no es un capricho: es el intento desesperado de ponerle fin a un dolor que se siente sin salida.


 Lo que casi nadie espera es la rabia. La persona vive a la defensiva, con el umbral bajo, y la agresividad se convierte en su forma de responder a todo. 


Es uno de los síntomas menos reconocidos porque no parece depresión — en los hombres, porque la tristeza no se muestra pero la rabia sí se tolera; en las mujeres, porque la agresividad se lee como carácter difícil y nadie lo conecta con sufrimiento.


 En ambos casos es un escudo. Una coraza que protege de algo que duele demasiado para nombrarse. La depresión no siempre llora. A veces calla. A veces estalla.


 Virginia A. Pacheco, psicóloga clínica

​Especial para ld