La delincuencia, como los piojos, no se ha ido, y anda por sus fueros en diferentes zonas del país, ahora nuevamente en la modalidad de encapuchados motorizados, aprovechando el escaso patrullaje policial. Tras el caso de la pareja asaltada con esas características en Herrera, ahora el turno de víctima indefensa le tocó a un chofer en una estación de transporte en la comunidad de Aguayo, en San Francisco de Macorís. Los malandros ya no se escudan en la oscuridad para cometer sus fechorías y actúan a plena luz del día. La inseguridad es de tal grado que, en algunas barriadas, residentes han tenido que cambiar sus hábitos y movimientos habituales.
