Es doloroso ver el incomprensible accionar de Rafael Devers, quien proyecta una mala conducta, que en el fondo no tiene. Todos los que en algún momento hemos estado cerca de Devers sabemos que es una gran persona, siempre muy cuidadoso hasta para hablar. Incluso, posee una timidez asombrosa.
La decisión inicial de negarse a salir del partido del domingo frente a los Marlins en Miami cuando fue sacado por un corredor emergente, en la novena entrada, es la peor que pudo tomar, ya que sirve de caldo de cultivo para sus detractores, quienes no perdieron el tiempo en atacarlo y relacionarlo con todo lo que acarreó su salida de los Medias Rojas de Boston.
La NBC de Boston empezó con lo siguiente: “Casi exactamente un año después de adquirir a Rafael Devers, los Gigantes de San Francisco están viendo por qué los Medias Rojas de Boston llegaron al límite con el veterano bateador”.
Inmediatamente, buscaron una nota en la que, según Ian Browne, de MLB.com, Devers tuvo un incidente similar con el exdirigente boricua Alex Cora la temporada pasada, pero se resolvió en privado.
Las emotivas declaraciones que David Ortiz emitió contra Devers, cuando fue cambiado a los Gigantes el año pasado, resurgieron con gran fuerza.
Es evidente que Devers tiene muchos enemigos, luego de su salida de Boston, y por eso esta mala decisión de negarse a salir del juego la aprovechan para sobredimensionarla.
El mánager de los Gigantes, Tony Vitello, bajó la tensión de la situación al explicar después del partido que apreciaba el deseo de Devers de seguir jugando, viendo su reacción como un reflejo del espíritu competitivo que la organización busca en sus jugadores.
Lo peor de la decisión de Devers es que llega en un momento en que los Gigantes están buscando cambiar a sus principales jugadores, incluyéndolo a él, y ese comportamiento lo hace más difícil, porque, por el gran contrato que tiene, nadie quiere llevar problemas a su equipo. Y él, definitivamente, luce serlo.

