En la era digital, las redes sociales se han convertido en una puerta por la que todas las personas pueden mostrar sus alegrías, gustos, preferencias y lujos. Sin embargo, no todo lo que se muestra en estas plataformas es cierto; muchas de esas imágenes y videos están totalmente distorsionados y generan falsas expectativas financieras que la gente asume sin ningún filtro.
Es común ver en estos días plataformas y personas que suben información sobre “grandes empresarios que lograron el éxito a través de sus grandes proyectos de innovación”, e incluso muestran fotos de ellos en los años 80, cuando todo el mundo pareciera pobre, creando así una falsa expectativa en la gente de que, si ellos pudieron, también tú puedes.
Les hacen ver como el perdedor de la historia a la persona que aún no ha logrado el éxito financiero, dentro del relato que ellos mismos han creado. Y esto es muy común en los países con menor nivel de desarrollo y de formación, donde muchos individuos, absorbidos por el contenido que ven en las redes sociales, caen fácilmente en estas trampas mediáticas.
La falta de investigación es un elemento que sale a relucir y que prácticamente no tiene ninguna participación en este mundo; solo se empeñan en que la gente tenga grandes expectativas sobre la vida de sus sueños y sobre lo que desean para su futuro, dejando de lado las causas reales que construyen este tipo de argumentos. Mientras tanto, cada día muchos se hacen más ricos recibiendo adeptos.
Es normal ver este fenómeno en la actualidad y que alcance gran simpatía debido a la estructura que se ha formado para que la gente pueda acudir y caer en trampas financieras que, día a día, se han hecho presentes en la vida de los ciudadanos. Y esto no es fortuito; es parte de un esquema económico y social que busca desplazar el pensamiento crítico de las personas.
Las redes sociales han revolucionado la forma en que compartimos y vemos el mundo. Por eso, es necesario reflexionar sobre este tema y comenzar a trabajar para que se construyan ciudadanos críticos que enfrenten este tipo de argumentos que, día a día, forman parte de nuestras vidas.
Por Stanly Abreu

