Gritos son siempre esperados y entendibles cuando llegan golpes, como ahora con una especie de reforma fiscal, quizá con un cambio de nombre o semántica. Pero mal haríamos en ser ingenuos o distraídos; era un impacto inevitable. El presidente Luis Abinader lo anticipó al principio de la guerra Estados Unidos-Irán, cuando dijo que habría que asumir sacrificios. Motiva crítica el cambio en cuanto a su afirmación inicial de que no habría tal reforma en lo que resta de la presente administración; pero cabe indulgencia, siendo justos, ante lo incierto del panorama del conflicto. Ha ido -va- para largo como no se pensaba; y los efectos en la economía global y doméstica son inevitables.
