Durante décadas, el desayuno ha sido considerado la comida más importante del día debido a que pone fin al ayuno nocturno y proporciona la energía necesaria para iniciar las actividades diarias.
Sin embargo, los avances en la investigación nutricional han demostrado que no existe una comida más importante que otra. Lo realmente determinante para la salud es la calidad de la alimentación y que las necesidades nutricionales se cubran adecuadamente a lo largo de la jornada.
Así lo explica Marianna Nocera, licenciada en Nutrición y Dietética, quien señala que, aunque el desayuno sigue desempeñando un papel relevante para muchas personas, especialmente niños, adolescentes y quienes realizan actividad física de manera regular, su importancia debe entenderse dentro del contexto de una alimentación equilibrada.
“Diversos estudios han asociado el consumo regular de desayuno con una mejor calidad de la dieta, una mayor ingesta de fibra, vitaminas y minerales, y un mejor control de algunos factores cardiometabólicos. Además, un desayuno equilibrado puede favorecer la concentración, el rendimiento cognitivo y una distribución más adecuada de la energía a lo largo del día”, señaló la especialista.
No obstante, saltarse el desayuno no genera las mismas consecuencias en todas las personas.
“Algunas pueden omitirlo sin experimentar efectos negativos, siempre que mantengan una alimentación equilibrada durante el resto del día. Sin embargo, en otros casos puede provocar mayor sensación de hambre, fatiga matutina, dificultades para concentrarse y una mayor tendencia a consumir alimentos ultraprocesados más adelante”, resaltó la especialista de Nep Center Nutrición Especializada y Personalizada.
Los especialistas coinciden en que un desayuno saludable debe incluir una combinación de proteínas de calidad, carbohidratos ricos en fibra, grasas saludables y frutas o vegetales.
Entre las opciones recomendadas figuran los huevos, el yogur griego, el queso fresco, la avena, los víveres, las frutas, el pan integral, el aguacate, las nueces y las semillas.
No existe un menú único ideal, pero mientras más completo y menos procesado sea, mayor será su aporte nutricional.
En cuanto al horario, señala que no existe una hora universal para desayunar. y que lo más importante es que la primera comida del día se adapte a las necesidades, rutinas y señales de hambre de cada persona.
“La consistencia en los hábitos alimentarios y la calidad de los alimentos consumidos suelen tener mayor impacto que el momento exacto en que se desayuna”, enfatiza.
Sobre el control del peso corporal, indicó que las evidencias científicas actuales muestran que desayunar no garantiza la pérdida de peso ni omitirlo provoca necesariamente un aumento y que el peso depende principalmente del balance energético total, la calidad de la alimentación y el estilo de vida.
“Sin embargo, para algunas personas, desayunar puede ayudar a controlar el apetito y evitar excesos durante el resto del día”.
Por otro lado, aunque el café puede formar parte de un desayuno saludable, consumir únicamente esta bebida no aporta los nutrientes necesarios para cubrir los requerimientos energéticos y nutricionales de la mañana.
Cuando existe hambre al despertar, lo recomendable es acompañarlo con alimentos que aporten proteínas, fibra y otros nutrientes esenciales.
Para quienes tienen poco tiempo en las mañanas, la planificación es una herramienta clave. Preparar los alimentos la noche anterior o elegir opciones prácticas como yogur griego con frutas y nueces, huevos cocidos o batidos con proteína y fibra puede facilitar la adopción de hábitos más saludables.
Más allá del debate sobre si es necesario desayunar o no, Marianna Nocera enfatiza que el verdadero objetivo debe ser mantener una alimentación equilibrada y basada en alimentos mínimamente procesados.
Si se decide desayunar, lo ideal es que esta comida sea nutritiva, variada y adaptada a las necesidades individuales, contribuyendo así al bienestar y a una mejor calidad de vida.
Por Marianna Nocera, especialista en nutrición

