Santo Domingo.- “Los temores que tienen muchos actores sobre la tecnología no son nuevos en la historia y el tiempo una y otra vez demuestran que son poco justificados. Al final del día estamos educando a niños, niñas y jóvenes para la sociedad del futuro en la cual la Inteligencia Artificial y la tecnología estarán presentes en todos y cada uno de los procesos sociales de forma permanente”.
Esta reflexión la hizo Darwin Caraballo, pasado director ejecutivo de Educa al ser consultado en relación a la prohibición del uso de celulares en las aulas, a propósito de la regulación de los teléfonos móviles por parte titular del Ministerio de Educación.
Entiende que lo que hay es que cambiar el modelo educativo y no castigar con la prohibición del uso de dispositivo. "Regular si pero jamás prohibir". Alejar a los estudiantes de las tecnologías provocará apartarlos de las competencias que van a requerir a futuro.
Sostiene que cada vez que aparece una tecnología disruptiva hay una suerte de temor y alejamiento, pensando que va a quitar capacidades, significó.
Darwin Caraballo se inclina por sugerir el uso inteligente de la tecnología, lo que supone mejorar su administración y dominio de éstas por parte de los educadores.
Equilibrio en las aulas
Caraballo coincide con la idea del ministro Luis Miguel Decamps de avanzar en la regulación del uso de los celulares ha encontrado el respaldo de docentes, directores, estudiantes, madres y padres, quienes y coinciden en promover un uso más pedagógico, responsable y equilibrado de la tecnología en las aulas.
Estudios y consultas impulsados por el MINERD y más entidades dan cuenta de una disposición amplia hacia la adopción de medidas que permitan fortalecer el uso pedagógico de los dispositivos sin limitar su potencial como herramienta de aprendizaje, con el respaldo de madres y padres.
Según Darwin Caraballo, el último reporte del Monitor Global de Educación el 58% de los sistemas educativos, 114 de los 197 estudiados, ha establecido algún tipo de regulación respecto del uso de celulares y otros dispositivos por efectos nocivos de las redes sociales y de la inteligencia artificial en los estudiantes.
Por ejemplo, los Países Bajos han prohibido su uso para todos los niveles educativos por entender que reduce el aprendizaje, genera distracciones y perjudica la concentración; Brasil aprobó en 2025 una ley nacional que restringe el uso de dispositivos portátiles en escuelas porque, dicen, hay que recuperar el foco en la presencia humana frente a los algoritmos; en Inglaterra la Guía oficial para centros educativos propone un phone free by default durante toda la jornada educativa (UNESCO, 2025)
“El temor a los efectos de la tecnología sobre la forma de aprender y su influencia negativa en el desarrollo del talento no es nuevo en la historia. Reciente en el tiempo, cuando se hizo accesible el uso de calculadoras portátiles, también hubo reacciones restrictivas, por entender que estas herramientas deterioraban las destrezas de cálculo básico de los alumnos (Banks, 2011)”, explicó.
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Igual significó que estas reacciones se repiten una y otra vez en la historia cuando aparecen tecnologías disruptivas. Hasta en la Grecia antigua, Platón recuerda como Sócrates descreía de la escritura por entender que debilitaba la memoria y contribuía a un olvido justificado apoyado en signos.
Uso de la IA en las aulas
No obstante, lo cierto es que la velocidad del cambio generado por la IA es de tal magnitud, que resulta incomprensible para una buena parte de los reguladores de los sistemas educativos.
De ahí que, no es de extrañarse que tratan a sus efectos como anomalías, en lugar de admitir que el paradigma teacher directed instruction and memorization learning, en el cual el docente concentra exclusivamente el conocimiento, lo traspone hacia sus estudiantes, formula las preguntas y espera respuestas predefinidas, definitivamente no se ajusta a la realidad y ha llegado a su fin.
ELDIA
