Para entender la crisis actual en Gaza e Israel, hay que remitirse a un origen compartido que parece sacado de un drama familiar antiguo. El conflicto entre árabes e israelíes o ismaelitas e israelitas nace, según el relato bíblico, de la rivalidad entre Sara y Agar por la primogenitura de sus hijos con Abraham. Lo que comenzó como una disputa doméstica se transformó en la división de dos pueblos que hoy mantienen al mundo en vilo. Jesús mismo, como descendiente de David, es parte de esta historia judía. Este “chisme” milenario ha evolucionado hasta convertirse en una guerra de supervivencia donde el sentimiento de victimización y persecución guía las acciones actuales.