Los recientes informes de actividad económica del Banco Central ya confirman lo que todos sentíamos en nuestros bolsillos desde hace meses: enfrentamos una nueva ola inflacionaria. La tensión entre Irán y Estados Unidos añade presión, pero las alzas en bienes y servicios vienen desde enero. Desde alimentos básicos hasta servicios veterinarios o salones de belleza, nada está exento. La inflación es el impuesto silencioso que empobrece a asalariados y pensionados; un monstruo de varias cabezas, pues subir salarios para compensar -indexación- termina fomentando más escalamiento de los precios. Es un círculo vicioso que castiga más a quienes menos margen tienen. ¿Cómo diseñar políticas que la frenen sin sofocar la actividad económica? El gran desafío
