Mi madre fue una de esas mujeres silenciosamente heroicas que sostienen este país sin que el país las sostenga a ellas. Enviudó joven, con cuatro hijos y otro en camino, y aun así nunca cedió al resentimiento. Nacida en Las Matas de Farfán, maestra normal, trabajadora incansable, vivió para que nosotros no conociéramos el desamparo al que ella estuvo expuesta. Soñó con descansar y solazarse al fin cuando ya empezábamos a valernos por nosotros mismos; pero el cáncer, implacable, no lo permitió. En su historia se refleja la de tantísimas madres dominicanas: bondadosas, resilientes, vencidas no por falta de voluntad, sino por un Estado ausente. A todas les debemos memoria y justicia.
