SANTO DOMINGO.-Y entonces, tras el dolor por la tragedia del Jet Set, llegó la rabia, la búsqueda de respuestas, la identificación de los culpables.
El tráfico de algunos videos previos al colapso de la discoteca, las declaraciones aisladas de algunos contratistas independientes y de Gregory Adames, un empleado de confianza que habría advertido sobre las vulnerabilidades del techo, provocaron que la mirada colectiva se dirigiera en contra de Antonio y Maribel Espaillat, hermanos propietarios del establecimiento.
Informe del Jet Set
Un informe técnico mandado a elaborar por el Ministerio Público le dio fuerza a los argumentos populares: “El patrón de colapso observado corresponde a una falla inducida por sobrecarga…”.
Según el documento elaborado por tres ingenieros designados por la Procuraduría General de la República, el techo contaba con cuatro capas de finos con diferentes espesores, sumando un total de 37.5 cm, seis equipos de aire acondicionado, 4 tinacos, luminarias, plafones y peso propio en las vigas.
Una entrevista concedida por Antonio Espaillat semanas después de la tragedia a la periodista Edith Febles también ayudó a alimentar su culpabilidad ante los ojos de la opinión pública.
Indicó que, desde que adquirieron la edificación, que previamente funcionaba como cine, siempre tuvo filtraciones.
El techo no estaba visible. Siempre fue cubierto por plafones, los cuales, a su vez, eran cambiados cada cierto tiempo, pues el yeso terminaba por absorber el agua que se desprendía de los aires, terminando por desmoronarse.
De hecho, el mismo día de la tragedia se hizo un cambio de plafones. Nunca se hizo ninguna verificación técnica. “Si hubiera sido algo que se pudiera evitar, yo lo habría evitado”, declaró en ese entonces Espaillat.
Llamados a verificar
El tema despertó entonces entre los constructores la necesidad de llamar a crear un mecanismo de verificación de las edificaciones, hasta el momento inexistente en el país.
Pues, si bien se hacen pesquisas previo y durante las construcciones, luego de su terminación no existe una base legal o técnica, pero instituida como obligatoria para la revisión de la edificación. Pero todo esto (tanto las declaraciones de Espaillat como las de los técnicos en programas de radio y televisión) se convirtieron, por así decirlo, en el colchón que, sin éxito, intentó amortiguar el peso que representaba la ira e indignación colectiva.
Gregory Adames, el empleado del Jet Set antes citado, se querelló en contra de Espaillat y mostró un teléfono como evidencia de que había advertido sobre la posibilidad de que el techo colapsara y que la respuesta había sido una orden indicando que se continuara con el evento que estaría amenizado por el merenguero Rubby Pérez.
Ahora bien, volviendo al informe mandado a realizar por el Ministerio Público y que la defensa de Antonio Espaillat procura que se realice uno nuevo, establece que hubo falla por flexión.
Estos términos son de poco uso, salvo en entornos de la construcción, pero lo que quiere decir es que las vigas perdieron la rigidez original y deformaron la estructura.
A esto sume que las conexiones de algunas vigas no eran fijas, lo que hizo que, al fallar una de ellas, se generara una reacción en cadena.
La sumatoria de estas fallas, alimentadas por el exceso de peso, indujo una rotación al interior de la edificación que terminó desplomándose con medio millar de personas debajo. Un hallazgo considerado como relevante por los técnicos fue la eliminación de una columna estructural.
No menos importante, el peritaje descartó causas externas.
Pero pese todo lo anterior, el Código Penal a aplicar sólo contempla penas mínimas de hasta dos años que, en caso de comprobarse culpabilidad en los tribunales, no compensará socialmente las vidas humanas que se perdieron en la tragedia.
Estado del caso
— Jet Set
Actualmente el caso por la tragedia del Jet Set avanza en los tribunales y se encuentra en la etapa de verificación para dar paso al juicio preliminar de las pruebas contra los hermanos Antonio y Maribel Espaillat.
ELDIA
