La falta de planificación ha sido uno de los graves inconvenientes que históricamente ha provocado consecuencias altamente negativas para la sociedad dominicana.
Y es que a pesar de los contundentes golpes, en algunos casos mortales, que ha originado la ausencia de la misma, no se han podido o querido adoptar medidas para erradicar esa mala práctica de una vez por todas.
La falta de planificación hace que no existan o se apliquen estrategias para definir los objetivos fundamentales y necesarios para lograr las metas deseadas en un proyecto cualquiera.
Sencillamente, ella es la que traza la ruta, por la que necesariamente se debe transitar para salir airosos en todo lo esbozado.
Reitero, esa ha sido una de las graves fallas en nuestro medio, ya que el desconocimiento real o adrede de esa materia ha venido dando como resultado el descontrol y el despilfarro descarado, de los recursos asignados a proyectos.
Esto lo traigo de nuevo a colación por los ejemplos que tenemos de obras multimillonarias, que al poco tiempo de ser inauguradas o remozadas, por carecer de un mínimo mantenimiento, provoca que al poco tiempo estén en un penoso estado de deterioro.
A veces, creo que se hace aposta, ya que no se justifica que una obra que sirve a la sociedad en general se abandone a su suerte.
El caso más reciente, de obras de suma importancia, en las que el Estado realizó una inversión superior a los mil 200 millones, es el Centro Acuático, ubicado en el Centro Olímpico.
Esa obra, como muchas otras, que se construyen o reparan para los Juegos Santo Domingo 2026, deben ser administradas por personas que les duela, y que tengan consciencia sobre la importancia de las mismas, ya de lo contrario, seguiremos dando reversa hasta caer al abismo.
