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lunes, marzo 2

Enfermedad cardiovascular:¿Por qué no se manifiesta igual en hombres y mujeres?

 


La enfermedad cardiovascular continúa siendo la principal causa de muerte en el mundo, tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, durante décadas fue percibida y estudiada como un problema predominantemente masculino.


Esta visión parcial tuvo consecuencias profundas: síntomas ignorados, diagnósticos tardíos y tratamientos menos oportunos en las mujeres. Hoy, a través de la evidencia científica, se confirma que el corazón no enferma igual en ambos sexos.


Larissa Romero, cardióloga internista y ecocardiografista, con una Diplomatura en Cardioobstetricia de Los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), dice que uno de los aspectos más críticos de las enfermedades cardiovasculares es la forma en que se manifiestan los síntomas.


En los hombres, el infarto suele presentarse de manera con dolor opresivo en el pecho, irradiado al brazo izquierdo, de inicio súbito. En las mujeres, en cambio, los síntomas suelen ser más sutiles y variados como cansancio extremo, náuseas, sudoración fría, mareos, dificultad para respirar o una sensación general de malestar.


La galena dice que muchas mujeres minimizan lo que sienten, atribuyéndolo al estrés, al agotamiento o a las múltiples responsabilidades que asumen en su vida diaria. Desde el punto de vista anatómico, el corazón femenino suele ser más pequeño y sus vasos sanguíneos de menor calibre.


Mientras que en los hombres predominan las obstrucciones grandes y visibles en las arterias coronarias, en las mujeres es más común la afectación de vasos pequeños. Esta característica dificulta el diagnóstico mediante pruebas tradicionales diseñadas para detectar obstrucciones evidentes.


Menos calcificadas

Refiere que además, las placas que se forman en las arterias de las mujeres tienden a ser menos calcificadas, pero más inestables. En lugar de producir un estrechamiento progresivo del vaso, pueden romperse de forma súbita y desencadenar eventos graves sin señales previas claras.


Esto explica por qué algunas mujeres presentan infartos “inesperados”, incluso con estudios previos aparentemente normales.

Romero asegura que “el papel de las hormonas también resulta determinante.

El estrógeno, predominante en mujeres jóvenes, ejerce un efecto protector sobre el sistema cardiovascular: contribuye a mantener niveles adecuados de colesterol, favorece la elasticidad de los vasos sanguíneos y reduce la inflamación.


Sin embargo, esta protección disminuye de forma significativa tras la menopausia. A partir de ese momento, el riesgo cardiovascular en las mujeres aumenta y puede igualar o incluso superar al de los hombres”.


Resalta que en los hombres, la disminución de testosterona ocurre de manera más gradual con el envejecimiento y también se asocia a un aumento del riesgo cardiovascular, aunque de forma menos abrupta. Estas diferencias hormonales explican por qué la enfermedad coronaria suele aparecer más tarde en las mujeres, pero no necesariamente con mejor pronóstico.


Factores de riesgo

La especialista aclara que los factores de riesgo tradicionales tampoco impactan de la misma manera. La diabetes multiplica el riesgo cardiovascular de forma más marcada en las mujeres que en los hombres. Mientras que el tabaquismo resulta especialmente perjudicial en mujeres jóvenes, ya que interfiere con los efectos protectores del estrógeno.


A esto se suman factores exclusivos del sexo femenino que durante años fueron subestimados, como la preeclampsia, la hipertensión gestacional, la diabetes gestacional, el parto prematuro, la menopausia precoz y ciertas enfermedades autoinmunes, todos asociados a un mayor riesgo cardiovascular a largo plazo. Las herramientas diagnósticas también presentan limitaciones.


Muchas pruebas, como la prueba de esfuerzo, tienen menor sensibilidad en mujeres. Advierte que algunos estudios de imagen pueden verse afectados por el tamaño del corazón o la distribución del tejido mamario, generando resultados menos precisos si no se aplican criterios específicos por sexo. Esto contribuye a diagnósticos incompletos o erróneos.


Línea de tratamiento

En cuanto al tratamiento, explica que múltiples estudios evidencian que las mujeres tienen menos probabilidades de recibir procedimientos invasivos, como cateterismos o cirugías de revascularización, aun cuando están indicados. “También son referidas con menor frecuencia a programas de rehabilitación cardíaca. Paradójicamente, presentan más complicaciones posteriores, en parte porque llegan en etapas más avanzadas de la enfermedad y porque las diferencias anatómicas no siempre se consideran en la planificación terapéutica”, apunta.


Cambiar esta realidad implica transformar la forma en que se concibe la salud cardiovascular. Reconocer que hombres y mujeres enferman de manera distinta permite mejorar la prevención, afinar el diagnóstico y ofrecer tratamientos más adecuados.


La prevención


— Herramienta vital

La prevención sigue siendo la herramienta más poderosa: control regular de la presión arterial, evaluación periódica de glucosa y colesterol, alimentación balanceada, actividad física, evitar el tabaco, manejo del estrés y una atención médica personalizada.


Centro pionero de evaluación

En ese enfoque integral, en Cedimat funciona la Clínica Cardiovascular de la Mujer, un servicio pionero en el país dedicado a la evaluación, prevención y manejo de las enfermedades cardiovasculares en las distintas etapas de la vida femenina.


Este espacio reúne especialistas con formación específica para identificar factores de riesgo propios del embarazo, el posparto y la menopausia, y abordar las manifestaciones particulares con las que estas enfermedades pueden presentarse en las mujeres.