AHORA MAS GRANDE Y AL MISMO PRECIO DE UNA PEQUEÑA

AHORA MAS GRANDE Y AL MISMO PRECIO DE UNA PEQUEÑA

jueves, febrero 19

Que por qué no uso Instagram, El arte de estar quieta o la sabiduría de no tener redes sociales

 


La sorpresa es generalizada. La interrogante también. Cuando digo que no tengo Instagram ni Facebook provoco asombro en mi interlocutor.


Me tildan de desfasada. Aseguran que vivo desinformada (como si necesitase estar constantemente informada de todo y de todos).


Mas de seis décadas coronan mi existencia y he logrado llegar hasta aquí sin la necesidad de usar o tener un Instagram o un Facebook.


No me seduce, no me atrae, sencillamente no llama mi atención ni deseo ocupar mi tiempo rastreando información que, en honor a la verdad, no necesito.


Me sirvo muy bien con el WhatsApp (lo más lejos que llego) porque a través de esa herramienta tengo un contacto más directo con mis seres cercanos. Y cuando digo más directo es porque con lo acelerado que vivimos contactarse físicamente es casi una proeza.


"Puedes abrir una cuenta y poner otro nombre". "Abre una cuenta y solo das acceso a quien desees". "Tenlo solo para estar informada".  Son algunas de las sugerencias dadas por mis más cercanos.  Ninguno de esos argumentos es válido.  Mi razón es otra:  no me seduce, no me atrae.  Que parte no se entiende.


Debes, debes, debes.  No debo hacer nada que no me atrae, que no me suma, que, simplemente, no necesito.


Siempre he procurado vivir lo más natural y sencillo posible. Estar quieta y sin hacer nada lo disfruto. Y con lo estropeado que esta el entorno, más vale estar desinformado para que sobre exponerme.  Si con ello salvo al mundo pues sin duda abriría un Instagram. No lo dudaría. Disfruto estar sola, quieta, sin hacer nada.  Ya puedo darme ese lujo.


Por eso me identifico tanto con la famosa frase del filósofo, matemático y físico francés Blaise Pascal: "Toda la desgracia de los hombres proviene de no saber permanecer en reposo en una habitación".


Esta cita de sus Pensamientos (1670) sugiere que la infelicidad humana nace de la incapacidad de estar solos y quietos, buscando llenar el vacío interior con entretenimiento constante y acción errática en lugar de cultivar la quietud.


Y no se trata de aburrirse, no. Se trata de cultivar nuestra "vida interior", tantas veces ignorada.


Este pensamiento sugiere que, al no poder estar tranquilos, las personas salen a buscar acciones superfluas. Ahí radica la mayoría de sus problemas.


Según Pascal, en esa quietud es donde el ser humano puede alcanzar un verdadero conocimiento de sí mismo.


Esta reflexión se aplica a nuestros días matizados por una búsqueda casi frenética de actividad exterior o estimulación digital, lo que refleja mucha soledad, un vacío interior.


Para muchos usuarios, Instagram y Facebook se ha convertido en una adicción que, como tal, no pueden evadir. 


Estoy convencida, mi vida interior me llena más que el bombardeo desmedido de información que se recibe en las denominadas redes sociales.


Desfasada, desinformada, a lo mejor sí.  El día que los problemas se puedan resolver gracias a Instagram o a Facebook, ese día no dudare en abrir la dichosa cuenta que hoy trae a más de medio mundo de cabeza y entrelazados. La finalidad de esos lazos aún está por verse.


POR NORY SANCHEZ