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sábado, febrero 28

3 fuentes de proteína con mayor evidencia científica para blindar tus músculos

 


Una alimentación rica en proteína garantiza el fortalecimiento de la masa muscular, mayor saciedad y la energía suficiente para realizar las actividades del día. Pero, ¿cuáles son las mejores? ¿Cómo integrarlas correctamente a tu dieta?


Estudios publicados por los principales organismos de nutrición y salud en Estados Unidos indican que las tres fuentes alimenticias proteicas con mayor evidencia científica para proteger y mantener la masa muscular (“blindar tus músculos”) son los huevos, los lácteos (como yogur griego o queso cottage) y las carnes magras (pollo o pavo).


Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) advierte que estas tres proteínas destacan por su alto contenido de leucina, una biodisponibilidad completa y una estimulación superior de la síntesis proteica muscular.


¿Cuánta proteína necesitas según tu edad?

Para que tengas una panorama más claro, aquí tienes la guía de gramos por cada kilo de peso corporal:

Adultos (Base mínima): 0.8 g/kg al día.

Niños en crecimiento: 1.0 g/kg al día.

Adultos (Objetivo músculo): Entre 1.2 y 1.6 g/kg. (Ejemplo: si pesas 70 kg, necesitas entre 84 y 112 g diarios).

Mayores de 65 años: Entre 1.2 y 2.0 g/kg. Es la etapa donde más proteína se necesita para proteger la salud.


Una recomendación clave para alcanzar los requerimientos diarios es intentar consumir entre 20 y 40 gramos de proteína por comida para que el cuerpo la aproveche al máximo.


Cuantos huevos se puede comer a la semana, según la ciencia.

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¿Cuáles son las mejores proteínas?

1. Huevos: la fuente universal

Las proteínas del huevo ayudan a reparar las pequeñas roturas fibrilares del músculo, también para el mantenimiento de los huesos.


Un estudio publicado por el NIH indica que la ingesta de huevos enteros estimuló una mayor síntesis proteica miofibrilar post-ejercicio que consumir solo las claras. Esto lo posiciona como la mejor fuente universal.


Olvídate de tirar la yema, la ciencia es clara: consumir el huevo entero estimula un 40% más la síntesis de proteína muscular. Gracias a su riqueza en leucina, es la herramienta definitiva para evitar la pérdida de músculo en adultos mayores y potenciar el crecimiento en deportistas.


El huevo es económico, versátil y sus nutrientes (Colina, B12) trabajan en sinergia para tu salud. Consumir de 2 a 3 huevos al día junto con ejercicio es la receta perfecta para mantenerte fuerte.


Recomendación de experto: En lugar de frito, consúmelo “pasado por agua” o en revueltos cremosos para no perder vitaminas liposolubles ni resecar la textura.


2. Lácteos: absorción dual

El yogur es un alimento de origen lácteo fuente de proteínas.

El yogur es un alimento de origen lácteo fuente de proteínas.

Crédito: Shutterstock

La ventaja de los lácteos, al combinar yogur griego o quesos, es que no hay que elegir entre absorción rápida o lenta; obtienes lo mejor de ambos mundos:


Whey (Suero): Eleva la síntesis de proteína inmediatamente después de comer.

Caseína: Mantiene ese proceso activo durante 24 horas.

Dato Clave: Estudios como el Framingham Cohort vinculan directamente el consumo constante de lácteos con una mayor masa muscular.

Recomendación de experto: No todos son iguales. El queso cottage o el ricotta son los reyes aquí, ya que aportan proteína de suero (whey) y caseína con muy poca grasa saturada.


3. Carnes magras: potencia animal

La pechuga de pollo es una carne magra.

La pechuga de pollo es una carne magra.

Crédito: Shutterstock

Los expertos señalan que una mayor ingesta de proteína animal se asocia con una mayor masa muscular y fuerza de agarre. El pollo y el pavo no son solo un clásico del gimnasio, son ciencia pura. El consumo de proteína animal completa es superior a las fuentes vegetales para la hipertrofia muscular, según meta-análisis del NIH.


Recomendación de experto: Prefiere siempre el muslo sobre la pechuga. Es más rico en hierro, zinc y mantiene la jugosidad, facilitando la deglución. Para las carnes, utiliza la técnica del marinado en cítricos o papaya antes de cocinar; sus enzimas naturales rompen las fibras colágenas, haciendo que la carne “se deshaga” en la boca.


Estrategias para incluir proteínas en el menú

Esta estrategia busca añadir “potenciadores” a platos que ya disfrutas (sopas, purés, salsas), sin alterar drásticamente el sabor.


1. El poder de los “Polvos Mágicos”

Una de las técnicas más efectivas es el uso de los llamados “polvos mágicos” en la despensa. Por ejemplo, añadir dos cucharadas de leche en polvo descremada a un puré de patata o a una crema de verduras permite duplicar la carga proteica sin alterar el sabor ni el volumen del plato. De igual forma, la clara de huevo deshidratada se disuelve perfectamente en horneados o incluso en el café con leche, mientras que la levadura nutricional aporta un delicioso perfil similar al queso, convirtiéndose en una mina de oro de proteínas y vitaminas del grupo B al espolvorearse sobre pastas o sopas.


2. Legumbres camufladas

Otra táctica infalible es el uso de legumbres camufladas para mejorar la textura de tus platos. Muchos adultos mayores o personas con digestiones sensibles rechazan las legumbres enteras, pero estas pueden transformarse en hummus de frijoles blancos para espesar cremas de calabacín, aportando una sedosidad única y una carga proteica vegetal significativa.


También se pueden sustituir las harinas refinadas o el almidón de maíz por harina de garbanzo para espesar salsas es un cambio sutil que eleva el valor nutricional de cualquier preparación sin que el comensal note la diferencia.


3. Lácteos Técnicos

El uso de lácteos puede revolucionar la densidad proteica de tus recetas habituales. El yogur griego auténtico no debe limitarse al postre; su textura firme lo hace ideal como base para salsas tipo “mayonesa” o para enriquecer purés de frutas, aportando casi el doble de proteína que un yogur regular. Por otro lado, el queso cottage batido es el ingrediente secreto de los chefs saludables: al triturarlo, obtenemos una crema neutra y ligera que, añadida a una tortilla francesa o a una salsa para pasta, incrementa drásticamente el valor biológico del menú sin sumar grasas saturadas innecesarias.


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