Instituciones de salud y expertos han enfatizado que la ingesta elevada de azúcar provoca el deterioro gradual de la función renal. Este desgaste va avanzando hasta el punto de que los riñones dejan de funcionar, siendo aquí cuando ya es necesaria la hemodiálisis.
En este proceso, a los pacientes se les limpia la sangre de manera artificial.
Las personas que se someten al tratamiento pierden en promedio 10 años de vida
