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domingo, julio 27

“Él fue el 201”: el rastro que dejó Roberto en la tragedia del Jet Set


 Santo Domingo, RD 
La tragedia ocurrida la madrugada del martes 8 de abril, cuando colapsó el techo de la discoteca Jet Set a las 12:44 a. m., le arrebató la vida a Roberto Zenón Torres Pérez, descrito por sus allegados como “buen hombre y excelente padre”.


Roberto vivía con su madre y su hijo mayor, Robert Torres, de 18 años. Fue precisamente Robert quien notó que su padre no había llegado a dormir aquella noche: al salir hacia el colegio, el vehículo de Roberto no estaba parqueado frente a la casa, como solía estar.


La tragedia dejó 236 víctimas mortales, entre ellos el merenguero Rubby Pérez, quien amenizaba la fiesta; y más de 180 heridos. 


Aunque no sabía que su papá estaría en la discoteca, sí sabía que iba a salir. Al ver en redes sociales las primeras noticias sobre el colapso, lo llamó varias veces sin obtener respuesta. Después de intentar comunicarse con algunos amigos de su padre —quienes le confirmaron que no estaban con él—, contactó a una tía para que gestionara su salida del colegio y poder ir al lugar del desastre.


Cuando llegó junto a su tía a la discoteca, vio el vehículo de su padre estacionado. “Él frecuentaba mucho ahí”, contó. 


En su rostro, todavía se dibuja la huella de lo que significó perder a su padre de forma tan abrupta. Aún recuerda que era raro levantarse y no ver el carro en casa.


Roberto estaba en la pista de baile junto a una compañera al momento del derrumbe. Su familia lo buscó por horas en los distintos hospitales a los que llevaban a las víctimas rescatadas de entre los escombros. 


“Él fue el 201”, recuerda su hijo, en alusión al número con el que fue identificado.


Cada domingo, la familia se reunía a compartir y fortalecer sus vínculos. Era una costumbre que Roberto defendía con entusiasmo. Ahora, aunque su presencia física ya no esté, sus seres queridos insisten en mantener esa tradición como forma de honrar su memoria.


En la casa no hay fotos visibles de Roberto. Su madre, la señora Pérez, ha perdido ya a dos de sus hijos y también a su esposo. Para ella, el silencio visual es una forma de lidiar con el dolor.


El cuerpo de Roberto ya no acompañará las reuniones familiares. Su hijo Robert y su hermanita de cinco años ya no tendrán el abrazo o el consejo de su padre. Pero quienes lo conocieron siguen repitiendo lo mismo: era un ser humano excepcional.


LISTINDIARIO