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lunes, julio 24

El sicariato de la palabra, en los medios de comunicación, estremece a Santiago

 



Escrito por Arturo Taveras diario55


Dañar reputaciones de personas y de instituciones con la emisión de palabras lacerantes y destructivas  en los medios de comunicación es matar la moral y constituye un crimen que debe ser condenado con severidad , así como se castiga el asesinato de un ser humano.  Ese castigo debe inicia  en los medios de comunicación de  Santiago, donde se destruye la moral y se mata reputaciones con mensajes destructivos como bombas de racimos, lo que tiene como  bocinas  resonantes a las redes sociales, Santiago está estremecido y  las figuras públicas temen volar  para no se casados. En Santiago los sicarios de la palabra están en la radio, la televisión y las redes,  como buitres al acecho esperando el encargo del mejor postor  para salir a cazar, herir o matar reputaciones. 


Los medio de comunicación de Santiago y del país están plagados de  periodistas que venden sus servicios por un pago,  “por debajo de la mesa”, a cuya  práctica no escapan reporteros, columnistas, jefes editoriales, comentaristas , locutores   y hasta lo más encumbrado de los equipos de dirección.


Los sicarios de la palabra de  Santiago están  apandillado y parece que moran  en la Luna, donde se creen dioses de la comunicación y desde cuyo satélite lanzan misiles verbales para herir y matar la moral.


En los noticieros y programas televisivos y radiofónicos abundan casos verdaderamente extorsivos, asesinos de la palabras que tienen diferentes precios para cometer el sicariato, dependiendo sus incidencia y el que más duro vocea y el que más epítetos contundente lanza  para estremecer y causar temor.


En tal sentido, el sicariato  de la palabra se ejecuta a través de los medios de comunicación de forma verbal, por parte de personas que  hacen comentarios negativos contra políticos, empresarios, profesionales, religiosos u otras personalidades o instituciones.


El objetivo principal es desmeritar por venganza, envidia o porque una tercera persona le paga para atacar   a un contrincante.


Los  sectores de opinión pública que se dedican a propagar versiones e insultos por la televisión y la radio contra la clase política, lo que ellos llaman “la prensa amarilla”, se convierten en sicarios de la palabra.


Los sicarios de la palabra en los medios de comunicación se consideran impolutos e intocables y si desde los poderes del Estado se trata de controlar la desinformación lo consideran como un atentado contra la libertad de emisión del pensamiento.


El sicariato está protegido por el principio de la personalidad de la persecución penal, en el sentido de que los delitos de difamación e injuria sólo pueden ser atribuidos a quienes los cometieron y nunca al periodista o al director del medio por el hecho puro y simple de publicar la información.


En el medio periodístico se conocen quiénes son “sicarios de la palabra” y quiénes no lo son.


Recibir dinero por hablar mal de alguien, destruyendo su reputación y buen nombre, a cambio de unas cuantas monedas, es un acto de “sicariato de la palabra”.


Algunos de los sicarios de la palabra amenazan a funcionarios públicos, empresarios, artistas, políticos, etc,  con lanzar “bombas informativas” en su contra si no reciben una retribución, en dinero o especie..


Sin embargo, hay que reconocer que en los medios de comunicación no todo es carroña, porque  existen hombres y mujeres trabajadores  de la prensa que saben encauzar muy bien su profesión por la senda de la ética y del profesionalismo honesto y en beneficio de la población y poder el desarrollo del país.


Entonces se puede concluir que estamos sometidos a un brutal sicariato de la información que reviste escala universal.