Ir al médico solo cuando la enfermedad se manifiesta y ya ha causado daño irreversible, es una conducta irracional. Pero aún más grave es acudir de manera preventiva y no seguir las recomendaciones médicas. La frase “de algo nos vamos a morir” suele utilizarse como consuelo, pero la realidad es más dura: muchas personas no mueren de inmediato, sino que viven años con incapacidades severas, dependientes y calidad de vida profundamente deteriorada.
Franklin Peña, médico internista y coordinador del Plan Ejecutivo de Salud de los Centros de Diagnósticos y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (CEDIMAT), explica que la salud es, en esencia, un estado de equilibrio interno. No solo físico, medido por complejos parámetros bioquímicos, sino también mental y emocional.
Destaca que, cuando ese equilibrio se rompe, el organismo pierde el control de su medio interno y comienzan a aparecer las enfermedades.
Gran influencia
Nuestros pensamientos, emociones y estados de ánimo influyen directamente en el funcionamiento físico.
El estrés crónico, la ansiedad no atendida o la falta de descanso mental pueden convertirse, con el tiempo, en enfermedades reales como los trastornos autoinmunes, afecciones de la piel, problemas gastrointestinales e incluso cáncer. No es una exageración ni una metáfora; es una realidad cotidiana en la práctica médica.
Ese equilibrio interno tampoco está aislado del mundo que nos rodea. La mala higiene del sueño, los excesos alimentarios, el sedentarismo y la falta de autocontrol son factores de riesgo modificables que, acumulados con los años, pasan factura.












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