Santo Domingo.- En República Dominicana, las redes sociales dejaron ser simples espacios de interacción social para convertirse en escenarios donde se libran nuevas formas de criminalidad. Plataformas como Facebook, Instagram, WhatsApp yTikTok son hoy utilizadas no solo para informar o entretener, sino también como herramientas para la extorsión, la difamación, el chantaje y el robo de identidad, delitos que crecen de forma acelerada y afectan tanto a ciudadanos comunes como a figuras públicas.
Uno de los delitos de mayor expansión en el país es el robo de identidad, tipificado en la Ley No. 53-07 sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología, que castiga estas conductas con penas que van desde tres meses hasta siete años de prisión, además de multas que oscilan entre dos y doscientos salarios mínimos. Sin embargo, a pesar de su penalización, expertos coinciden en que el auge de las redes sociales y la velocidad con la que circula la información han facilitado que los ciberdelincuentes perfeccionen sus métodos y amplíen su alcance.
La sextorsión
Entre los distintos mecanismos de extorsión digital, la sextorsión se ha consolidado como el más frecuente en la República Dominicana. Este delito consiste en amenazar a una persona con difundir imágenes, videos o conversaciones de contenido íntimo si no entrega una suma de dinero u otro tipo de beneficio.
Los ciberdelincuentes suelen crear perfiles falsos, generalmente haciéndose pasar por mujeres jóvenes, para establecer contacto con sus víctimas. A través de un proceso gradual de seducción, ganan su confianza e incentivan el intercambio de material sexual —práctica conocida como sexting— hasta que la víctima queda atrapada en una red de chantaje.
Expertos en telecomunicaciones advierten que estas estructuras criminales no actúan al azar. Antes de ejecutar la extorsión, los delincuentes realizan una investigación previa de sus objetivos: analizan redes sociales, estilo de vida, fotografías, comentarios y cualquier señal que revele solvencia económica o reputación pública. Una vez identificada la vulnerabilidad, procede la amenaza: pagar o enfrentar la exposición pública ante familiares, amigos o contactos laborales.
Facebook continúa siendo la plataforma más utilizada para este tipo de delito, seguido por Instagram y aplicaciones de mensajería instantánea. De acuerdo con especialistas, muchas de estas operaciones son ejecutadas por bandas organizadas que operan desde “call centers” internacionales, en coordinación con colaboradores locales.
Difamación y chantaje como negocio digital
La extorsión digital en el país no se limita al ámbito privado. En los últimos años, también ha surgido un fenómeno preocupante: el uso de redes sociales y medios digitales como herramientas de difamación, injuria y chantaje con fines políticos o económicos.